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14 de enero de 2026
Opinión

Con-ciencia y sin corbata

Con-ciencia y sin corbata
  • enero 14, 2026

La elegante forma de no avanzar

Emiliano Calvert

Hay algo que pasa en muchas empresas y que casi nadie quiere aceptar:
la gente trabaja, se esfuerza, cumple…
y aun así, el equipo no avanza.

No porque falte talento.
No porque falte disciplina.
Sino porque cada uno está persiguiendo un objetivo distinto, aunque en el papel digamos que “vamos juntos”.

Es como correr un maratón en equipo…
pero cada quien con su propia ruta.

 

“Liderazgo moderno”

Creemos que poner metas es suficiente.
Que mientras haya indicadores, bonos y juntas de seguimiento, todo debería alinearse por arte de magia.

Spoiler: no pasa.

Porque no todos los objetivos provocan lo mismo.
Algunos unen.
Otros generan competencia sin querer.
Y otros (los peores) hacen que la gente prefiera que al de al lado le vaya mal, con tal de verse mejor.

Y sí, eso pasa más seguido de lo que pensamos.

 

Trabajar juntos no significa ir juntos

Hay equipos donde cada quien cumple “lo suyo”.
No se estorban, pero tampoco se ayudan.
No hay mala intención… solo indiferencia profesional.

Luego están los lugares donde el éxito se siente escaso.
Si tú subes, yo no.
Si tú te llevas el proyecto, yo me quedo fuera.
Ahí empieza el juego político toxico: menos apoyo, más cuidado, más silencios “estratégicos”.

Y cuando eso se deja crecer, el ambiente se pudre.

 

Colaborar Vs Competir
No todos los equipos necesitan ser “familia”,
pero sí necesitan necesitarse.

Cuando el objetivo está bien armado, tu resultado depende del mío…
y el mío del tuyo.

Ventas sin producto no sirve.
Producto sin feedback fracasa.
Operaciones sin planeación se quema.
Y planeación sin gente comprometida es puro PowerPoint.

Ahí cambia todo.

Porque ayudar deja de ser buena onda
y se vuelve inteligencia básica.

 

La solución no son los bonos

Más lana ayuda.
Claro que ayuda.

Pero no arregla equipos rotos.

Lo que de verdad cambia la dinámica es algo más simple y difícil:
que la gente entienda que le conviene que al otro le vaya bien.

No por altruismo.
Por supervivencia profesional.

Cuando eso pasa, el ambiente baja tensiones, sube conversaciones y se deja de jugar a las escondidas.

 

En fin…

Si tu equipo está cansado, tenso o desconectado, no preguntes primero por productividad.
Pregunta por qué tipo de objetivos estás empujando con o sin darte cuenta.

Porque la gente no se quema por trabajar duro.
Se quema por trabajar duro… sin sentido compartido.

Al final, una empresa no se rompe por el mercado.
Se rompe cuando cada uno jala para su lado creyendo que va en equipo.

Y cuando todos jalan en la misma dirección de verdad
no hay competencia que alcance.