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12 de febrero de 2026
Opinión

Camino a Valinor

Camino a Valinor
  • febrero 12, 2026

Porque fuimos potencia mundial…

José Inocencio Aguirre Willars

¡Hola! Muy buenos días, tardes o noches, dependiendo la hora en que me lean.

Hubo un tiempo en que México fue ejemplo mundial en vacunación. No era propaganda; era política pública sostenida durante décadas. Brigadas que recorrían las comunidades más apartadas, cartillas completas, campañas nacionales que lograron erradicar enfermedades que antes llenaban hospitales y cementerios infantiles.

El sarampión dejó de ser amenaza porque el Estado entendió algo esencial: prevenir es más poderoso, y más humano, que curar.

Hoy, esa memoria parece diluirse.

El resurgimiento de enfermedades prevenibles no es un accidente biológico; es el síntoma de un sistema que perdió consistencia. La disminución en coberturas, fallas en compras y distribución, y la erosión institucional han abierto grietas por donde regresan padecimientos que creíamos superados.

No fue casualidad. Desde 2019, decisiones de política pública impulsadas por los gobiernos federales de Morena modificaron la estructura del sistema de salud, centralizaron mecanismos, desmantelaron esquemas técnicos consolidados y alteraron modelos de adquisición que durante años garantizaron continuidad en el abasto.

Las mayorías legislativas que respaldaron esas reformas y aprobaron presupuestos con reducciones o subejercicios también forman parte de esa responsabilidad histórica.

Las consecuencias no se miden en debates parlamentarios; se miden en brotes.

Un sistema de vacunación sólido no se construye en una administración ni se destruye de un día para otro. Pero sí puede debilitarse cuando se sustituyen estructuras técnicas por improvisación, cuando la planeación cede ante la narrativa y cuando la continuidad institucional deja de ser prioridad.

La salud pública no admite ocurrencias.

Cuando reaparecen enfermedades erradicadas, el problema no es solo epidemiológico; es moral. Significa que fallamos en proteger a los más vulnerables: niños, comunidades alejadas, quienes dependen por completo de la acción del Estado.

Recuperar el rumbo no implica nostalgia, sino memoria. Recordar que México supo hacerlo bien. Que la ciencia, la disciplina administrativa y la continuidad presupuestal pueden salvar vidas cuando se respetan.

El verdadero progreso no es desmontar lo que funcionaba, sino fortalecerlo.

Y en el cuidado de la salud colectiva, olvidar lo aprendido siempre tiene consecuencias.
Saludos a todas y a todos y por aquí nos vemos la próxima semana.