Trizas y trazos
Cuando Joaquín Pardavé era telegrafista
Por Antonio Zamora
La Oficina de Ferrocarriles de Estación Hipólito, Coah., fue una de las más importantes del sistema ferroviario del país…
Allí desfilaron gran cantidad de trabajadores de la especialidad de jefes de estación, telegrafistas y oficinistas…
La mayoría provenía de diferentes lugares de la República; cada uno dejó huella y recuerdos a su paso…
Esta vez se hace referencia a un telegrafista que llegó en el año 1919 a cubrir los relevos del telégrafo entre Paredón-Hipólito, Coah…
Era un joven chaparro y gordito, llamaba mucho la atención por su alegría y modos de trabajar; al recibir los mensajes por la clave Morse, escribía y silbaba; al transmitirlos, bailaba con las puntas de los pies. Le pedía permiso al jefe de estación para vender boletos a los pasajeros que viajaban en tren; los saludaba a todos de mano, sin excepción. A las muchachas les llenaba de piropos sanos y les bailaba y cantaba…
Al terminar su turno de trabajo, se encerraba en su habitación; se la pasaba escribiendo canciones y poesías…
Un domingo se despidió de la gente, diciendo: voy a Paredón a terminar mis relevos y de allí a ver pa’ donde agarro, ya no volveré, pero me llevo en mi corazón a este pueblito y a su maravillosa gente; se trataba de ¡¡¡JOAQUÍN PARDAVÉ!!!, quien al poco tiempo se convirtió en artista de cine y compositor…
En Paredón terminó su canción Azucena, que le abrió las puertas en el medio artístico.
Tres estudiantes de derecho no estudiaron para un examen y decidieron no presentarlo; elaboraron un plan, se ensuciaron con grasa negra, aceite y residuos del escape de un auto; de esta manera fueron con el docente, poniendo caras de inocentes: “Profe, pedimos disculpas, pero no pudimos venir al examen, pues estábamos en una boda y, de regreso, el carro se accidentó. Por ello, estamos tan sucios, como puede ver.”
El docente entendió, accedió y les permitió presentarse en un par de días para que se prepararan bien.
Pasados los dos días, los estudiantes fueron al examen muy bien preparados, porque ahora sí habían estudiado.
El docente los ubicó en aulas separadas y aplicó el examen con exclusivamente 4 preguntas:
¿Quién se casó?
¿A qué hora se accidentó el carro?
¿Dónde exactamente se descompuso?
¿Cuál es la marca del vehículo?
Nota: Si las respuestas son idénticas, estarán aprobados con la máxima calificación. ¡Buena suerte!
Moraleja 1: Hagas lo que hagas, ¡jamás pretendas engañar a alguien que es: más viejo que tú, más leído que tú, más viajado que tú, más trajinado que tú!
Moraleja 2: ¿Quieres 10? Te lo pongo: ¡la vida se encargará de re-probarte y ponerte cero!
Nos leemos el lunes…
