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9 de septiembre de 2026
Opinión

Dobleces

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  • septiembre 9, 2026

Anaya, el abandonado

Israel Mendoza Pérez

@imendozape

Un nuevo boquete al PT desinfla el proyecto del dirigente sempiterno, Alberto Anaya. Su proyección de ganar espacios y quizá una gubernatura en 2027 se le escapa y su silencio lo envuelve en un hermetismo inquietante. La estrategia de poner al partido de la estrella amarilla al servicio de personajes o fuerzas políticas ya causó estragos.

En Veracruz, el partido de Anaya perdió al dirigente estatal Vicente Aguilar, que abonaba en tiempos electorales un número sustancioso de votos y presencia en casillas. Sus números demuestran el tamaño de la fisura. Son más de 100 comités municipales, más de 30 regidores, síndicos y alcaldes dejaron el partido, ya que optó por la estrategia del desplazamiento de la militancia y poner al servicio de intereses alternos el partido.

Aunque el salto parece sólo cosmético, ya que la reciente migración de petistas pasó Morena. Y el PT no sabe vivir solo sin partidos grandes, en este caso, sin Morena.

Anaya es especialista en ocultar la vida interna de su partido. Evita que se ventilen escaramuzas, gritos y sombrerazos que se dan, sobre todo, a la hora de los reacomodos previos a los procesos electorales. Ahora, ya los vivió y se exhibe el diminuto tamaño del partido.

Uno de los primeros cismas en el interior del partido de la estrella amarilla, ocurrió en 2009, cuando José Narro Céspedes, a través de la Unidad Democrática Nacional, su corriente interna en el Partido del Trabajo abandonó las filas de ese instituto político e ingresó al Partido de la Revolución Democrática, con el argumento que el dirigente petista, Alberto Anaya, mantenía oculto el manejo de las prerrogativas de ese instituto político.

En su momento, Jesús Ortega Martínez, entonces presidente del PRD, se encargó de abrirles las puertas a los integrantes del grupo que manejaba José Narro. Les dio la bienvenida y sumó a un grupo político a las demás tribus que en ese momento, jugaban un papel de lucha interna, ya que el partido se encontraba en el zenit de los triunfos electorales.

Ahora, a 18 años de distancia, el golpe a las entrañas del PT reaparece. Ya que Vicente Aguilar fue de los dirigentes del grupo compacto de Anaya. Sabía que la verticalidad de la dirigencia es inamovible y las decisiones no se toman en colectivo. El PT abandera la democracia, pero no la practica en su estructura.

Vicente Aguilar un personaje histórico en el partido que no discutía las decisiones y entregaba cuentas a Alberto Anaya ahora exhibe lo que hay al interior del partido, pese a las experiencias previas de escisiones.

“Presento mi renuncia al Partido del Trabajo como militante y como dirigente en una decisión muy personal (…) motivado por personajes que lastimaron a muchos de mis compañeros e intentaron desconocer a la dirección estatal por designación para sustituirla, beneficiando a oportunistas de la política”, con esa convicción y crítica dejó un partido que vive bajo la sombra del poder.