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1 de julio de 2026
Opinión

Dobleces

Dobleces
  • julio 1, 2026

El zeta zeta

Israel Mendoza Pérez

@imendozape

Convertido en un zombie político, Jesús Zambrano, exdirigente del extinto PRD, apareció para refritear el proyecto de una alianza opositora con miras a los comicios de 2027. La ironía es su llamado al PRI y al PAN para sumar esfuerzos, cuando en realidad, el experredista carece de un partido, que lo respalde, para ofrecer una amalgama poderosa.

El zombie Zambrano se quedó estacionado en la batalla y el discurso de 2024. El PRD a nivel nacional dejó de ser una propuesta política sólida y su aritmética tampoco encaja con la realidad actual. A nivel estatal existen 13 PRDs con registro; sin embargo, en ninguno tiene cabida el proyecto de Zambrano debido a los pésimos resultados de su dirigencia disfuncional y su proclive voracidad para encabezar un partido.

El último reducto político que tuvo Zambrano Grijalva fue en el Estado de México, con el partido en manos de Omar Ortega. Aunque también se acabó la cercanía debido a que ese partido está en negociaciones con una facción del PRI para entrar en una alianza. Aún está por definir si es alianza completa o sólo parcial y el exdirigente nacional no pudo mover el partido a su favor.

Zambrano Grijalva pide dejar el “celo partidista” y ampliar la participación de la ciudadanía con el objetivo de fortalecer la democracia. Sin embargo, sin partido y con descrédito social, el experredista ambiciona sin negociar ni arriesgar. No tiene respaldo. Le sobra labia, pero le falta estructura política.

Cuando el PRD apostó por lo “cualitativo y no lo cuantitativo”, en la época zambranista, fue un eufemismo para esconder detrás la derrota y pérdida de registro que ya estaba en ciernes. Su negociación con el PAN y PRI fue mínima, se le relegó en 2024 y aceptó la humillación debido a que ya tenía síntomas de mover un partido reumático. En 2026 pide lo mismo. No se renueva ni propone, sólo sugiere.

La política en nombre de la ciudadanía quedó en una frase desgastada por décadas. Es el recurso retórico más obsoleto de los partidos. El objetivo primigenio de un partido político es ganar elecciones. Esa es su naturaleza. Sumar a sus filas a liderazgos sociales sólo fue real si le redituaban votos. Es la misma petición de hace dos años.

Zambrano se encuentra atrapado en un pasado atormentado por las luchas fratricidas entre perredistas. Una alianza que dejó dividendos para el PAN y PRI y le dieron muerte al PRD.

En la actualidad, el perredismo que funciona como bloque tiene fuera a Zambrano. Lo reconocen como el sepulturero y último cacique partidista de un instituto manejado por caudillos. Es la expresión más clara de colarse e impulsar un proyecto lejano, pero que es su última jugada y ganar un espacio político sea por las siglas del partido que sea.