Dobleces
Zayún juega con pólvora
Israel Mendoza Pérez
@imendozape
El conflicto del Nacional Monte de Piedad dejó de ser, a esta fecha, únicamente una disputa laboral, el secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de Nacional Monte de Piedad, Arturo Zayún González, lleva al límite la negociación y se corre el riesgo de desbarrancar una institución histórica, como ocurrió, en tiempos recientes, con Mexicana de Aviación y la agencia de noticias Notimex.
Su tesón es negociar, pero con sus reglas, sus intereses y sus tiempos. No hay más. NO da tregua. La batalla labora, se ha convertido en una prueba de responsabilidad política, institucional y social para todos los actores involucrados, y en medio de esta crisis, preocupa que incluso frente a los intentos del Gobierno Federal por abrir rutas de conciliación, las posiciones más radicales del sindicato sean la carta fuerte por la confrontación y el desgaste prolongado.
La propuesta planteada desde el ámbito federal no representa una rendición para ninguna de las partes; representa una posibilidad real de evitar que la institución siga acercándose al punto de no retorno, sin embargo, la respuesta de Arturo Zayún ha sido endurecer el discurso, elevar la presión y mantener una lógica de resistencia absoluta que comienza a parecer más una apuesta política que una estrategia de solución. Ahí es donde aparece el verdadero riesgo.
La historia reciente de México ya dejó ejemplos de destrucción de instituciones, por el cacicazgo de dirigencias sindicales anquilosadas. Mexicana de Aviación y Notimex no colapsaron de un día para otro, fueron instituciones atrapadas en conflictos largos, tensiones irreconciliables y narrativas donde nadie quiso ceder hasta que ya no quedó nada que rescatar. Cuando finalmente llegó el momento de reaccionar, los empleos habían desaparecido, las operaciones estaban destruidas y las instituciones habían quedado convertidas en símbolos del fracaso de la negociación.
Eso es precisamente lo que hoy comienza a asomarse en el horizonte del Monte de Piedad. Cada semana de huelga deteriora más la operación, debilita la confianza pública y erosiona la viabilidad de una institución que durante décadas funcionó como un soporte social para millones de mexicanos. En la peregrina idea de Zayún de pensar que una organización de este tamaño puede resistir indefinidamente un conflicto de esta magnitud sin consecuencias profundas es simplemente ignorar la realidad.
La pregunta ya no es quién gana políticamente este conflicto ni quién logra imponer su narrativa mediática. La verdadera pregunta es quién tendrá la madurez para impedir que México vuelva a presenciar otro caso donde la terquedad sindical, la radicalización de las posturas y la incapacidad de construir acuerdos destruyan una institución histórica. Porque si el Nacional Monte de Piedad cae, no habrá vencedores, habrá trabajadores sin empleo, usuarios sin servicio, una institución debilitada y un país que vuelve a perder por la intransigencia de un liderazgo de imposiciones y cerrado a la negociación. Y el tiempo, parece que juega en contra de la institución, pero también del sindicato.
