Dobleces
Visitaduría maldita
Israel Mendoza Pérez
@imendozape
En seis años de ostentar el poder en la CNDH, Francisco Estrada, secretario Ejecutivo del organismo, se encarga de mantener la inestabilidad laboral al interior de la comisión, al grado de frenar proyectos y temas trascendentales por una inexplicable rotación de personal. La reciente salida de Claudia Franco Martínez, encargada de la Primera Visitaduría, el 31 de diciembre pasado, es prueba de ello.
Y es que la Primera Visitaduría carece de un proyecto de continuidad. José Martínez Cruz, Paolo Martínez Ruiz, Jesús González Schmal, Bianca Trujillo Subías y Claudia Franco Martínez estuvieron al frente de la Visitaduría y cada uno le dio su prioridad al trabajo, sin embargo, las contraórdenes de Estrada y la serie de intereses dislocaron los objetivos, para darle paso a una agenda que responde a intereses políticos y no de defensa y promoción de los derechos humanos.
Claudia Franco se va a un cargo del Poder Judicial, ya que en la CNDH su trabajo fue desaseado según integrantes de la misma Visitaduría que solicitaron anonimato. Sin embargo, durante cuatro años en los que ocupó el cargo en la Primera Visitaduría su trabajo lo llevó a cabo a puertas cerradas. Y el trabajo de cercanía con las víctimas y la promoción de los derechos humanos pasó a segundo término.
En el balance de su gestión, según un análisis interno, el caso Ayotzinapa pasó por sus manos, pero también contribuyó a que se quedara en el olvido. Desmembró las direcciones foráneas. En el tema de derechos infantiles tampoco aportó trabajo para llevar a buen término la recomendación para niños con cáncer que dejó perder la CNDH, por los intereses políticos metidos en la estructura de Francisco Estrada.
Franco Martínez llegó a la CNDH con una actitud sobrada, ya que presumía que pasó por Gobernación y que no sabía mucho de la materia, pero aprendería y no era verdad nunca supo cómo hacer los encargos más elementales. Sin embargo, ella contribuyó en un desfalcó al indemnizar a Oscar Kábata con 200 mil pesos. No se reportaron en las actas entrega ese dinero a Bianca Subías y la CNDH no tienen facultades para indemnizar, pero las órdenes de Estrada fueron cumplidas para beneficiar a Kábata.
Claudia Franco no pudo controlar ni un visitador toda su labor entre el personal fue a través de amenazas, rondines estilo cárcel. En tanto, los casos como el de Wallace y Rosario Robles fueron politizados desde su oficina por indicaciones de “arriba”. Así con ese lenguaje y términos manejó la Primera Visitaduría.
También entró en el tema de nepotismo, ya que en la CNDH se comenzó a tejer una serie de acuerdos y favores con el objetivo de cimentar su imagen favorable al interior de la comisión. Se descubrió que la directora de la Primera Visitaduría Claudia Franco Martínez metió su hermana en la Tercera Visitaduría a través de un acuerdo con Hilda Téllez Lino
Resulta que Laura Franco Martínez, la hermana que entró por palancas, aparece en el directorio de la comisión como visitadora con lo que se comenzó a permitir nepotismo y tráfico de influencias.
Así deja una Visitaduría conflictiva, sin continuidad y desbaratada, Franco Martínez sigue su camino de bajo perfil, pero con sueldo alto.
