Convicciones
El asesinato de los padres jesuitas en la Tarahumara
Rubén Aguilar Valenzuela
El 20 de junio de 2022, fueron asesinados los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar dentro de la parroquia de San Francisco Javier, en la iglesia de Cerocahui, en la Sierra Tarahumara, Chihuahua.
Y también el guía de turistas Pedro Palma, quien ingresó a la iglesia, atendida por los jesuitas, para protegerse del asesino, que ya lo había baleado. Los padres al oír el ruido salieron de su casa, junto a la iglesia, para asistir al herido, y el asesino los mató. Estaba fuera de sí, drogado o alcoholizado, conocía a los padres.
El asesino se llevó los tres cuerpos, que días después fueron localizados en un paraje de la sierra. Meses después el cuerpo del criminal apareció en un lugar de la misma sierra. Han pasado ya cuatro años de esta tragedia.
Exactamente un año antes del asesinato, mi familia y yo, cenamos en la casa de los padres jesuitas en Cerocahui, ese día Joaquín cocinó, y Javier, que tenía 51 años de trabajar en la Tarahumara, fue quien lidereo la conversación. Nos habló de la cultura rarámuri, de su lengua, de su cosmovisión, de su teología y de sus ceremonias y el sentido de las fiestas con significado religioso.
Nos habló también de la historia del trabajo de los jesuitas en la Tarahumara, de lo que ahora hacían, de la situación económica, política y social que se vivía en la sierra y también de la presencia y actividades de los grupos del crimen organizado y de la colaboración con ellos de parte de las autoridades, incluyendo al Ejército, a través de la Guardia Nacional (GN).
Javier y Joaquín estudiaban teología mientras yo estudiaba filosofía, en la casa de formación de los jesuitas donde ahora está el ITAM, en San Ángel, en la Ciudad de México. Cuando era novicio de la Compañía de Jesús coincidí algunos días con Javier en Chinatú, en la sierra en la comunidad de los jesuitas, donde estaba de maestrillo, etapa de la formación entre los estudios de filosofía y teología.
Hoy recordar a Javier Campos y a Joaquín Mora, también a Pedro Palma, nos interpela y obliga a preguntarnos sobre la realidad de la inseguridad en México, que no se resuelve con discursos y manipulando las cifras del número de los asesinatos y la supuesta reducción de todos los delitos, para decir que el país está bien. No lo está. La violencia sigue presente, y los grupos del crimen organizado controlan el 30% del territorio nacional, y son protegidos por las autoridades.
En el país no hay paz, y su construcción exige la acción concertada de todos los actores que integran el Estado. La paz no se obtiene con discursos y buenas intenciones, exige la justicia, la vigencia del Estado de Derecho, y una estrategia efectiva, no sólo de declaraciones mañaneras, para hacer frente a los grupos del crimen organizado, y ahora nada de eso se ve. El caso de los jesuitas se hizo patente, pero todos los años son asesinados 30 000 ciudadanos, que no conocemos quienes son.
@RubenAguilar
