Banner

El medio que cubre todo Coahuila

10 de junio de 2026
Opinión

Convicciones

Convicciones
  • junio 10, 2026

El Gramsci clásico

Rubén Aguilar Valenzuela

Hace unos días me encontré con el texto El Gramsci de todos, de Ramón Vargas-Machuca Ortega (El País, 27.02.17) es un texto que sitúa muy bien, el aporte del italiano Antonio Gramsci (1891-1937) como intelectual, que es, sin lugar a dudas, un clásico al que tenemos que acercarnos y leer de manera directa y a través de sus intérpretes.

En el marco de las entreguerras “acomete un análisis propio, agudo, de la sociedad y el Estado en Occidente. Ha comprendido como pocos el calado del fascismo y la derrota de la revolución en Europa”.

El autor dice que “en el pensamiento de Gramsci asoman de manera intermitente tensiones entre el liberalismo y la estrategia leninista, aprecio a sus maestros liberales y lealtad al socialismo marxista, entre inspiración originaria de la ilustración y el sesgo autoritario del movimiento comunista internacional. Su obra representa el último intento de reconciliación del marxismo como pensamiento práctico; un intento original, penetrante, ambiguo y a la postre no consumado”.

En el caso de Gramsci “tras su muerte se multiplica el conocimiento de su honestidad intelectual, lucidez e integridad moral. Sin embargo, tanta admiración iba a convertirse en un obstáculo para descubrir al Gramsci de Gramsci” y esto ha hecho difícil acercarse a su verdadero pensamiento, que ha sido manipulado y utilizado como fundamento de ciertas posiciones políticas, supuestamente de izquierda.

Vargas-Machuca Ortega, catedrático de filosofía política y autor de El poder moral de la razón. La filosofía de Gramsci. (Tecnos, 1982), sostiene que “al proceder al vaciado del Gramsci histórico se obvia cualquier constricción proveniente de sus escritos, intención y contexto”, y al hacer esto se da la posibilidad de instrumentalizarlo discursiva y simbólicamente. Se pierde entonces “el sentido genuino de su figura y su obra, se diluye el valor y el alcance de sus propias contradicciones, también su autenticidad”.

“Tomarse a Gramsci en serio es no obviar su condición radical de “pasado ausente”. Respetando su historicidad podemos rastrear con cierta corrección epistemológica e integridad intelectual al Gramsci real. De esa manera se desvanece la ingenua pretensión de hallar en él un menú de recetas para tratar un presente cuyos rasgos básicos se obvian”, dice Vargas-Machuca Ortega.

Termina su texto “tratemos a Gramsci como a un clásico. Lo es no porque aborde los asuntos de siempre, sino por la forma que lo hace, no porque consideremos perennes sus aportaciones sino porque fueron cruciales para el progreso del conocimiento. Un clásico es aquel cuyo proyecto ya no cabe aplicar pero de cuyo bagaje no podemos prescindir”.

Desde 2007, imparto el curso de Teoría de la Sociedad Civil y la Ciudadanía, en el Departamento de Ciencias Políticas y Administración Públicas de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México, en el que están incorporados alguna sesiones, para conocer el pensamiento de Gramsci, que siempre provocan interés entre los alumnos.

 

@RubenAguilar