Convicciones
Morena no es una institución
Rubén Aguilar Valenzuela
Los partidos normalmente son instituciones bien estructuradas con jerarquías y reglas claras y su existencia futura se garantiza cuando esto tiene lugar, y no solo dependa de un líder carismático, que lo más común es que sea su fundador.
Andrés Manuel López Obrador funda el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) como movimiento político y social el 2 de octubre de 2011, luego lo constituye como asociación civil, el 20 noviembre de 2012, y obtiene su registro oficial como partido político nacional ante el INE el 9 de julio de 2014.
Morena, en los años que tiene de haberse fundado no ha dado paso para constituirse como una institución y siempre ha dependido del liderazgo de su fundador, que al dejar la presidencia de la República puso a cargo del partido a su hijo Andrés Manuel López Beltrán, Andy, y a Luisa María Alcalde Luján, al primero como secretario de organización y a la segunda como presidenta.
Esto, para en su nueva condición, pudiera seguir manteniendo el control del partido, mismo que no cedió, como se podría esperar en una institución bien constituida, a la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, militante del partido, y la candidata que el impuso, para disputar la presidencia, que al final ganó.
La figura del padre fundador sigue presente y se hace valer, es parte del maximato, que hoy gobierna a México. Esto ha impedido la institucionalización del partido y provoca, en los actuales tiempos, una intensa disputa por el control del partido, que ocurre a nivel del centro, pero también de los estados, donde los gobernadores, siguiendo el ejemplo de su fundador, se han constituido en dueños de la parte que les toca.
Hoy día no queda claro si es posible que Morena se convierta en una institución y quien tendría que iniciar esta tarea. Esto implicaría que López Obrador deje el control personalista del partido y se nombre a una comisión, que inicie este trabajo. En el horizonte cercano no se ve que esto pueda suceder.
Lo que está a la vista es, que de cara a la elección de 2027 ya sin López Obrador en la presidencia de la República, día a día crecen las pugnas y tensiones al interior del partido. Ahora no se ve que estas puedan ser resueltas por López Beltrán y Alcalde Luján, ambos desparecidos de la escena pública, pero tampoco por Sheinbaum Pardo.
En todo el país, la marca Morena, más en algunos estados que otros, sigue teniendo una gran aceptación, que en todos los casos supera a la marca de los posibles candidatos para los puestos de elección popular que se disputan en 2027. Es una contradicción la debilidad institucionalidad y lo fuerte de la marca, pero así es.
Todo indica que antes de 2027, la institucionalización de Morena no va a llegar, y que todos los conflictos de las candidaturas, ya evidentes y en aumento, se van a resolver por la vía del que muestre una mayor fuerza y a través de ella se impongan. ¿En la guerra civil que ya se ha desatado en Morena, qué papel va a jugar López Obrador?
@RubenAguilar
