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8 de septiembre de 2026
Opinión

Con-ciencia y sin corbata

Con-ciencia y sin corbata
  • septiembre 8, 2026

Don Mariano y el campo

Por Emiliano Calvert

 

Este fin de semana estuve en un rancho por General Cepeda, más o menos por La Hedionda. El plan, completamente envidiable: excelente compañía, montaña, café, frío y cero prisa.

Llegamos con los caminos medio enlodados y la primera aventura fue tratar de convencer a la camioneta (y a nosotros mismos) de que no íbamos a quedar atascados en alguna brecha. Divertidísimo…

Nos recibió una temperatura de unos 15 o 16 grados. De esas mañanas que hacen que uno se dé cuenta, por unas horas, que la vida es bella.

Al día siguiente estábamos tomando café, viendo las montañas con las nubes por debajo, cuando llegó Don Mariano, el vaquero del rancho.

A simple vista se veía fuerte. Curtido. De esos señores que no necesitan explicar demasiado para que entiendas que llevan toda una vida trabajando.

Llegó diciendo que andaba algo adolorido porque venía de corretear unas yeguas.

Luego me dijeron que tenía 80 años.

Ochenta.

Yo a veces me quejo porque duermo chueco.

Entre la plática, el dueño del rancho comentó algo que no es la primera vez que escucho: cada vez es más difícil encontrar personas dispuestas a trabajar en el campo.

Y ahí apareció una paradoja interesantísima.

Porque a unos kilómetros están las plantas industriales mandando transportes de personal hasta los ejidos. Ofrecen buenos sueldos, prestaciones, cajas de ahorro, comedor, transporte de ida y vuelta y, muchas veces, condiciones bastante más cómodas que pasar horas bajo el sol haciendo el trabajo físico de un rancho.

¿Quién podría criticar eso?

Yo no.

Qué bueno que una persona pueda acceder a mejor ingreso, seguridad social, prestaciones y nuevas oportunidades para su familia.

El problema es que, al mismo tiempo, el campo sigue ahí.

Y alguien tiene que trabajarlo.

Alguien tiene que sembrar, criar, cuidar, cosechar y producir buena parte de eso que después nosotros compramos cómodamente en un supermercado.

No creo que aquí haya buenos y malos.

Creo que hay algo más complejo: dos sectores indispensables compitiendo por la misma persona.

La industria hizo su tarea.

Entendió que para atraer trabajadores tenía que ofrecer mejores condiciones. Transporte. Prestaciones. Certidumbre.

Creo que pregunta compleja es: es qué tendría que cambiar también en el campo para que un joven pudiera verlo no como el trabajo que quiere abandonar, sino como una actividad donde también puede construir una buena vida.

Porque tampoco podemos pedir romanticismo.

Es muy fácil hablar precioso del campo desde una terraza, con café caliente y chamarra, mientras Don Mariano viene de corretear yeguas.

Preservar el campo no puede significar pedirle a alguien que renuncie a mejores oportunidades solamente para conservar una tradición.

Tiene que significar hacer esa actividad más productiva, más tecnificada, más rentable y digna para quien decide vivir de ella (considerando los altos costos asociados a esto).

Dudo que el reto no sea detener los camiones que llegan a los ejidos.

Qué bueno que lleguen.

Creo que el reto es lograr que quedarse también pueda ser una gran opción.

Don Mariano, a sus 80 años, sigue montando, trabajando y hablando de su oficio con una fortaleza y pasión impresionante.

Pero mientras lo escuchaba pensé.

Admirar a Don Mariano es facilísimo.

La pregunta del millón es quién viene después de él.