Banner

El medio que cubre todo Coahuila

23 de abril de 2026
Opinión

Con-ciencia y sin corbata

Con-ciencia y sin corbata
  • abril 23, 2026

Jugarte en contra (y ganar)

Emiliano Calvert

Hace días se me vino un pensamiento muy loco. En distintas pláticas empezó a repetirse un patrón. No de negocios. No de cuál es el mejor equipo de México. Sólo de esas ideas tontas que todos pensamos, pero no decimos.

Un amigo me decía:

“Soy tan desordenado… que tengo que poner TODO en la agenda del teléfono.”

Otro:

“Me distraigo canijo con TikTok… en exámenes lo borro.”

No lo silencia.

No lo limita.

Lo borra.

Como si supiera que no puede confiar en sí mismo.

Y luego pensé…

Yo hago lo mismo.

Durante años perdía todo (hoy un poco menos).

Cartera.

Llaves.

Celular.

Hasta que me harté.

Y me hice un ritual bien fácil… pero efectivo.

Cada vez que me voy de un lugar, mi cabeza dice en automático:

Cartera.

Llaves.

Teléfono.

En ese orden.

Rápido.

Sin pensar.

Y ahí está el punto.

No es que seamos disciplinados.

Es que ya nos conocemos.

Porque hay una analogía que creo que en este caso aplica:

No eres una sola persona.

Eres dos, tal vez más.

El tú que decide en frío…

y el tú que actúa cuando ya está en el momento.

Y esos dos… no siempre se llevan bien.

Piensa en el cuate que pone el despertador hasta el otro lado del cuarto. Ese tipo sabe perfectamente que, si lo deja en el buró, le va a dar snooze cinco veces. Lo conoce. Ya perdió esa batalla mil veces.

Entonces, una noche antes, cuando no está modorro… pone el teléfono al otro lado del cuarto. Para apagarlo tiene que pararse. Y cuando se paró, ya es más difícil que vuelva a acostarse.

No es disciplina.

Es ingeniería.

Y puede aplicarse a muchas otras acciones de nuestro día a día.

Borras TikTok.

Pones recordatorios.

Dejas la cartera siempre en el mismo lugar.

Te diseñas.

Creo que mucho tiempo nos vendieron que la disciplina es fuerza de voluntad. Que el fregón es el que “aguanta”.

Pero no creo que sea del todo cierto.

La gente que realmente funciona… no confía en su fuerza.

Confía en sus sistemas.

El que quiere ahorrar no ve el dinero.

El que quiere hacer ejercicio deja la ropa lista.

El que quiere enfocarse… se quita distracciones.

No porque sean perfectos.

Porque saben cómo fallan.

Eso tiene nombre fancy: “dispositivo de precompromiso”.

Pero en español es más simple:

desconfiar de ti mismo… a tiempo.

Porque aquí está la trampa.

Decir: “Es que yo soy así.”

Y ya.

Eso no es autoconocimiento.

Es comodidad.

El que usa agenda no dijo “soy desordenado y ni modo”.

Dijo:

“Soy desordenado… por eso hago esto.”

Y ese “por eso”… cambia todo.

Al final, la madurez no es volverte perfecto.

Es aceptar que no lo eres…

y diseñarte alrededor de eso.

Porque todos tenemos nuestras de “quiero dormir 5 min más”.

Unos es TikTok.

Otros el dinero.

Otros el ego.

La diferencia no está en quién cae.

Está en quién se amarra antes.

Y si algo me dejaron esas pláticas fue esto:

No se trata de tener más fuerza de voluntad.

Se trata de conocerte lo suficiente…

como para no ponerte en situaciones donde sabes que vas a fallar.

Porque el verdadero enemigo no está siempre afuera.