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5 de marzo de 2026
Opinión

Con-ciencia y sin corbata

Con-ciencia y sin corbata
  • marzo 5, 2026

¿Rojo o Azul?

Emiliano Calvert

Imagínate una alberca pública en pleno julio en Saltillo.
Treinta metros cuadrados de agua. Sesenta personas adentro.
Un niño llorando. Un señor flotando sin moverse. Dos adolescentes haciendo clavados donde no deben.

Todos empujándose.
Todos peleando por el mismo carril.
Todos tragando cloro.

Nadie nada bien.
Nadie disfruta.
Pero nadie se sale… porque “ahí es donde hay agua.”

Bienvenido al océano rojo.

El concepto lo explicaron W. Chan Kim y Renée Mauborgne, pero la escena la vivimos diario. El océano rojo es ese mercado donde ya hay demasiados jugadores haciendo exactamente lo mismo.

La misma taquería en la misma esquina vendiendo los mismos tacos al mismo precio.
La misma agencia de marketing prometiendo “más leads” con el mismo PowerPoint reciclado.
La misma cafetería boutique compitiendo por el mismo godín de las 8:03 a.m. que trae prisa y cero paciencia.

¿El resultado?

Guerra de precios.
Márgenes flacos.
Estrés crónico.
Y la falsa sensación de que “ganar” es quitarle un cliente al de enfrente.

Eso no es estrategia.
Eso es supervivencia disfrazada de visión empresarial.

Ahora imagina otra escena.

Te sales de la alberca.
Caminas cien metros.
Descubres un lago entero donde nadie está nadando.

El agua limpia.
Sin codazos.
Sin silbato de salvavidas.
Sin pelea por el mismo metro cuadrado.

Tú decides las reglas.

Eso es el océano azul.

No se trata de competir mejor.
Se trata de dejar de competir.

Se trata de crear un espacio donde la competencia sea irrelevante, porque lo que ofreces no existía antes de que tú lo pusieras sobre la mesa.

Ahí tienes a Cirque du Soleil.
No mejoró el circo. Lo reinventó.
Quitó los animales, subió el precio y convirtió una carpa en una experiencia premium que ni a  Broadway se le ocurrió.
No le ganó a Ringling Brothers en su cancha.
Cambió la cancha.

Mientras unos seguían peleando por niños con algodón de azúcar, otros llenaban funciones con adultos dispuestos a pagar diez veces más.

Eso es estrategia.
Eso es diseño de mercado.

Y en la vida real (no en el libro subrayado de la escuela) también pasa.

El taquero que arma un concepto de degustación con maridaje en vez de abrir “Taquería López 4”.
El contador que deja de cobrar por declaración anual y crea una membresía mensual con acompañamiento continuo.
El arquitecto que no vende metros cuadrados, sino experiencias inmobiliarias.

No hicieron lo mismo “un poquito mejor”.
Hicieron algo diferente.

Pero aquí viene lo interesante: el océano azul exige pensar.
Y pensar de verdad. No copiar. No replicar. No “hacer benchmarking” para terminar pareciéndote al de al lado.

Exige cuestionar qué valora realmente tu cliente y qué es puro relleno que todos dan por sentado.
Exige renunciar a ciertas reglas de la industria.
Exige tolerar la incertidumbre.

Porque salirte de la alberca donde “todos están” da miedo.
Aunque esa alberca huela a cloro, a saturación y a margen de 3%.

El océano rojo no es pecado. A veces hay que nadar ahí mientras construyes tu salida.
El error es quedarte para siempre creyendo que crecer significa arrebatarle clientes al vecino.

Porque mientras tú peleas por centavos en un mercado saturado, alguien más está creando un mercado que ni siquiera sabías que existía.

Y cuando lo descubras…
ya va a estar nadando solo.

Así que la próxima vez que planees tu negocio, tu proyecto o tu carrera, hazte una pregunta:

¿Estoy compitiendo…
o estoy creando?

Porque en el océano rojo sobrevives.
En el azul defines el juego.

Salte de la alberca inflable.
El lago no está más lejos. Sólo está menos lleno.