Con-ciencia y sin corbata
Ceteris Paribus para mortales
Emiliano Calvert
Hay una frase en latín que los economistas usan como los mortales usamos el “ahorita”.
Y con la misma ambigüedad.
Ceteris paribus.
Suena a que la dices y automáticamente te dan una copa de vino en una cena fancy.
Pero en realidad es mucho más práctica que elegante.
Significa: “todo lo demás constante.”
O en español real:
“Suponiendo que el universo no se mueva.”
La idea es práctica.
Si quieres entender qué pasa cuando cambias una cosa, tienes que asumir que las demás se quedan quietas. Congelas el mundo un segundo. Aíslas la variable. Ves qué provoca.
Así de simple.
Así de útil.
Y así de engañoso.
Por ejemplo:
Sube el precio de la tortilla. ¿La gente compra menos?
Ceteris paribus, sí.
Si el ingreso no cambia.
Si no hay sustitutos.
Si los gustos siguen igual.
Si nadie se puso creativo con la dieta keto.
Pero en la vida real, el mundo no se congela porque tú estés haciendo un supuesto.
Tal vez subió el salario mínimo.
Tal vez el pan subió más.
Tal vez es Cuaresma y las tostadas andan con todo.
El punto es este:
La realidad no pide permiso para moverse.
Y ahí está lo interesante del concepto.
Ceteris paribus no describe la realidad.
Te obliga a pensarla con orden.
Tú lo usas diario sin saberlo.
Cuando dices:
“Si todo sale bien, llego a las ocho.”
Eso es ceteris paribus.
Estás asumiendo que no habrá tráfico.
Que tu jefe no te marcará justo cuando ya vas tarde.
Que el coche va a prender.
Que Maps no te va a mandar por la peor ruta posible en hora pico.
Spoiler: el universo rara vez coopera.
En negocios pasa igual.
“Si mantenemos costos y subimos el precio 10%, el margen mejora.”
Correcto.
Ceteris paribus.
Pero…
¿y si el cliente se va?
¿y si el proveedor sube también?
¿y si el tipo de cambio decide amanecer creativo?
¿y si tu competencia estaba esperando exactamente ese movimiento?
Cada variable que “congelaste” mentalmente tiene vida propia.
Entonces no, el concepto no es inútil.
Es indispensable.
Porque si intentas analizar todo al mismo tiempo, no analizas nada.
Terminas opinando, no pensando.
Ceteris paribus es como desarmar un motor.
No entiendes el sistema completo viéndolo por fuera.
Lo entiendes pieza por pieza.
El error no está en usarlo.
El error está en olvidarte de que lo estás usando.
En enamorarte del modelo.
En creer que el Excel es la realidad.
En presentar planes “perfectos” donde todo coopera como si las variables estuvieran de tu lado.
La próxima vez que alguien te venda un escenario impecable donde todo sale según lo planeado, haz una pregunta elegante:
¿Eso es ceteris paribus… o así funciona el mundo real?
Si te voltean a ver raro, ya sabes que nadie congeló las otras piezas.
Si te responden con claridad, al menos sabes que son conscientes de sus supuestos.
Y en un mundo lleno de decisiones tomadas con exceso de entusiasmo y déficit de pensamiento estructurado…
Ser consciente de tus supuestos ya te pone varios escalones arriba.
Porque el mundo no es constante.
Pero tu forma de pensar sí puede serlo.
