Con-ciencia y sin corbata
El mundo se está calentando…
Emiliano Calvert
Hay algo raro pasando en el mundo.
Y no, no es solo inflación, política rara o que cada vez el café está más caro.
Son las guerras.
No necesariamente las que ves todos los días en portada…
sino la sensación general que todo está más tenso, más polarizado, más frágil.
Europa sigue con Ucrania y Rusia.
Medio Oriente parece una olla exprés permanente.
Asia trae sus propios roces geopolíticos.
Y mientras tanto, todos seguimos haciendo scroll como si fuera una serie más.
Pero no lo es.
Es el mundo real.
La guerra ya no se ve como antes
Antes la guerra era algo “lejano”.
Libros de historia.
Películas bélicas.
Documentales en History Channel.
Hoy no.
Hoy la guerra se vive en tiempo real:
videos en redes, drones transmitiendo ataques, líderes tuiteando amenazas.
Y eso cambia todo.
Porque normaliza lo que nunca debería normalizarse.
Nos estamos acostumbrando al conflicto.
Y eso sí es peligroso.
No solo son bombas… también economía
Cuando hay guerra, no solo pierden los soldados.
Pierde el comercio.
Pierde la estabilidad.
Pierde la confianza.
Suben energéticos.
Se tensionan cadenas de suministro.
Se frena inversión.
Se encarece la vida.
Y eso, aunque no suene dramático, lo terminas pagando tú…
en gasolina, comida, tasas de interés o empleo.
La guerra siempre cobra factura.
Aunque estés a miles de kilómetros.
La preocupación.
No es solo que existan conflictos.
Siempre han existido.
Lo preocupante es el tono.
Cada vez menos diplomacia.
Más confrontación.
Más líderes jugando al ajedrez geopolítico…
con piezas humanas.
Y ahí es donde se pone feo.
Porque la historia ya nos enseñó que las escaladas empiezan pequeñas.
Y luego nadie sabe cómo pararlas.
¿Y nosotros?
Buena pregunta.
Porque desde Monterrey, Saltillo o cualquier oficina, parecería que no podemos hacer nada.
Tal vez no.
Pero sí podemos entender algo:
La estabilidad global no está garantizada.
El crecimiento económico tampoco.
Y el mundo “seguro” donde crecimos… puede cambiar rápido.
Eso implica prepararnos mejor:
financieramente, emocionalmente y profesionalmente.
No desde el miedo.
Desde la conciencia.
En Fin…
Las guerras no empiezan cuando caen bombas.
Empiezan cuando dejamos de escuchar.
Cuando polarizamos todo.
Cuando el diálogo pierde valor.
A nivel países… y también a nivel personas.
Porque sí:
El mundo está más tenso.
Más reactivo.
Más rápido para pelear que para entender.
Y ojalá no aprendamos (otra vez)
que la paz solo se aprecia
cuando ya se perdió.
Mientras tanto…
informarse no es paranoia.
Es responsabilidad.
Porque ignorar la realidad nunca ha sido estrategia.
