Banner

El medio que cubre todo Coahuila

13 de enero de 2026
Opinión

Con-ciencia y sin corbata

Con-ciencia y sin corbata
  • enero 13, 2026

La serie que nadie pidió… pero todos están viendo

Emiliano Calvert

Si esto fuera Netflix, ya iríamos en el episodio cinco.

Si fuera HBO, tendría diálogos largos y silencios incómodos.

Y si fuera Paramount, alguien ya estaría demandando a alguien.

Bienvenidos a la novela del momento: Warner Bros. Discovery, Paramount Global y Netflix peleándose no por ratings… sino por quién va a decidir qué vemos los próximos veinte años.

La historia va maso menos así: Warner Bros. Discovery, cargando una deuda pesada y con la presión constante de Wall Street, decide explorar una venta parcial de su imperio creativo. No de todo. Solo lo sexy: estudios, cine, streaming, HBO, franquicias. El músculo cultural. Lo que sí importa.

Ahí entra Netflix. Frío, con Excel bien hecho. Su propuesta es clara: comprar contenido y streaming, dejar fuera el cable, las noticias y los fierros viejos. Osea, quedarse con el futuro sin cargar con el pasado. Nada personal, solo negocios.

Hasta ahí, todo parecía encaminado.

Pero entonces aparece Paramount… y cambia el tono del guion.

Paramount no llega con esa puntería. Llega con todo. Su oferta es hostil, directa y ambiciosa: comprar todo Warner Bros. Discovery. No solo HBO y las películas, también el cable, los canales, lo incómodo, lo complejo. Una fusión de las de antes. De las que se anuncian en conferencias larguísimas y se pagan con deuda y fe.

Y cuando el consejo de Warner dice “gracias, pero no”, Paramount no se va a su casa. Demanda.

Demanda para exigir transparencia. Demanda para cuestionar por qué la oferta de Netflix avanza. Demanda para meter presión. Y, por si fuera poco, intenta colarse al consejo directivo de Warner para cambiar la decisión desde adentro. Proxy fight, abogados, Delaware, comunicados para inversionistas. Hollywood versión junta de accionistas.

Aquí está el punto clave (y el más interesante):

esto no es una pelea por quién paga más. Es una pelea por qué modelo sobrevive.

Netflix representa el entretenimiento optimizado: foco, algoritmo, control total del usuario, menos estructura. Paramount apuesta por escala, por integración, por volver a juntar piezas que el streaming separó demasiado rápido. Y Warner… Warner está en medio, tratando de no equivocarse en una decisión que no tiene botón de “deshacer”.

Porque venderle a Netflix es apostar por certeza y básicamente simplicidad.

Venderle a Paramount es apostar por tamaño y una visión más tradicional… pero con más riesgo.

Y mientras tanto, el mercado observa. Los accionistas presionan. Los reguladores toman nota. Y Hollywood recuerda algo: el contenido ya no manda solo. Mandan las hojas de balance.

Lo fascinante de esta historia no es quién gane.

Es lo que revela.

Que el streaming ya no es disrupción: es establishment.

Que las grandes franquicias ya no son solo arte: son activos estratégicos.

Y que hoy, el verdadero poder no está en el guion… sino en quién firma el cheque.

Esta novela no ha terminado.

Pero algo ya quedó claro desde el primer capítulo:

El entretenimiento cambió de protagonistas.

Ahora los villanos, los héroes y los giros de trama están en los consejos de administración.

Y eso para bien o para mal  también es parte del espectáculo.