Con-ciencia y sin corbata
Vuelven… pero no regresan
Por Emiliano Calvert
Me apareció un post este fin de semana.
No era viral por chistoso.
No era tendencia.
No tenía música pegajosa ni subtítulos amarillos.
Era una comparación.
Un antes y un después.
Un soldado que se fue joven.
Y volvió… distinto.
No distinto de look.
Distinto de adentro.
Las fotos no mostraban solo el paso del tiempo.
Mostraban algo más pesado: el costo humano de la guerra.
Esa parte que no sale en los discursos, ni en los comunicados oficiales, ni en los mapas estratégicos.
Hoy hay muchas guerras en el mundo.
Demasiadas.
Y lo más peligroso no es que existan…es que ya nos acostumbramos.
Las vemos entre un meme y un anuncio.
Entre un “buenos días” y un “te marco luego”.
Como si fueran ruido de fondo.
Pero la guerra no es fondo.
Es primer plano.
Es cansancio extremo.
Es tensión constante.
Es aprender a vivir con miedo como rutina.
Dicen que en los ojos aparece la “mirada de las mil yardas”.
Esa mirada fija, lejana, que no está viendo lo que tiene enfrente, sino todo lo que ya vio.
No es debilidad.
Es supervivencia.
Porque cuando el horror se vuelve cotidiano, el cuerpo aprende a apagar cosas: gestos, emociones, reacciones normales.
El problema es que luego regresas a casa…y el mundo espera que prendas todo de nuevo como si nada.
El combate armado termina.
Pero el conflicto interior apenas empieza.
Aprender a convivir con lo vivido.
Reconstruirse.
Aprender a habitar la paz.
Eso también es una guerra.
Y mientras tanto, nosotros seguimos discutiendo trivialidades.
Seguimos creyendo que el mundo se acaba porque no hay señal, porque el tráfico está pesado, porque el café llegó frío.
No es para minimizar nuestros problemas.
Es para dimensionarlos.
Porque hay gente regresando a casa cargando cosas que no vienen en el equipaje.
Cicatrices invisibles.
Silencios largos.
Miradas que ya no regresan del todo.
La guerra no termina cuando callan las armas.
Termina (si acaso)cuando el ser humano logra volver a sentirse humano.
Y eso, muchas veces, nunca pasa del todo.
Este no es un artículo para tomar postura política.
Ni para señalar bandos.
Ni para decir quién tiene razón.
Es solo un recordatorio:
cada guerra transforma para siempre a quienes sobreviven…
Tal vez no podemos detenerlas.
Pero sí podemos no normalizarlas.
Porque cuando la guerra deja de doler, el que ya perdió algo… somos todos.
