Camino a Valinor
La doble moral del poder
José Inocencio Aguirre Willars
¡Hola! Muy buenos días, tardes o noches, dependiendo la hora en que me lean.
En Coahuila vivimos un proceso electoral local. Es tiempo de precandidaturas, de definiciones internas, de reglas claras. Y justo ahí es donde vale la pena detenernos.
En distintos puntos del estado han aparecido espectaculares de aspirantes locales utilizando, como fondo, la silueta asociada a la campaña presidencial de Claudia Sheinbaum. Más allá de simpatías o diferencias políticas, la pregunta no es quién lo hace. La pregunta es: ¿se puede hacer?
Las reglas electorales no son adornos. No son sugerencias. Son el marco que garantiza equidad, piso parejo y legalidad. Cuando alguien decide estirarlas, reinterpretarlas o ignorarlas porque “le conviene”, el problema no es partidista: es institucional.
En los últimos años hemos visto un discurso y un ataque constante contra las instituciones que generan contrapesos. Se ha cuestionado al árbitro electoral, se han impulsado reformas para concentrar decisiones y se han debilitado organismos que medían, evaluaban y señalaban fallas. Cuando desaparece quien mide, desaparece la evidencia. Cuando se debilita quien vigila, se debilita la confianza.
Y la confianza es la base de cualquier democracia.
Resulta preocupante la doble moral: lo que antes se señalaba como abuso hoy se justifica como estrategia. Lo que antes era condenable hoy se presenta como necesario. Pero la ley no puede depender de quién gobierna. Si la norma cambia según la conveniencia del poder, deja de ser norma.
Las reglas son sagradas precisamente porque limitan al poder. Porque impiden que una mayoría circunstancial se convierta en dominio absoluto. Porque protegen a la minoría hoy… y a la mayoría mañana.
Este no es un llamado a la confrontación. Es un llamado a la vigilancia ciudadana. A entender que cada proceso electoral, incluso el interno, debe respetar el marco legal. A recordar que los contrapesos no estorban: equilibran.
La democracia no se defiende solo votando. Se defiende exigiendo que las reglas se cumplan. Siempre. Sin excepciones. Sin pretextos.
Porque cuando las reglas dejan de ser sagradas, el poder deja de tener límites.
Saludos a todas y a todos y por aquí nos vemos la próxima semana.
