Camino a Valinor
¡Viva México!
Por José Inocencio Aguirre Willars
¡Hola! Muy buenos días, tardes o noches, dependiendo la hora en que me lean.
Este fin de semana, durante una reunión con amigos, escuché una frase que se me quedó dando vueltas en la cabeza.
Uno de mis mejores amigos de toda la vida está casado con una mujer polaca que lleva ya más de veinte años viviendo en México. Entre la sobremesa, las risas y esas conversaciones que se alargan cuando uno está entre gente querida, dijo algo que me pareció extraordinario:
“Todo el mundo debería vivir al menos un año en México para aprender a ser feliz”.
Lo interesante es que no lo dijo un mexicano presumiendo a su país. Lo dijo alguien que nació a miles de kilómetros de aquí, que conoció otra cultura, otra forma de entender la vida y que, después de más de dos décadas entre nosotros, encontró algo que quizá nosotros, por tenerlo todos los días frente a los ojos, a veces dejamos de apreciar.
Y me hizo pensar en el enorme orgullo que siento de ser mexicano.
Porque México, con todos sus problemas, nos enseña una particular manera de vivir.
Aquí trabajamos para salir adelante, pero muchas veces lo hacemos pensando en alguien más. En nuestros hijos, nuestros padres, nuestra pareja, nuestros hermanos. La familia sigue siendo refugio, motivo y destino.
Aquí una comida puede convertirse en una reunión de horas. Siempre cabe alguien más alrededor de la mesa. Celebramos cumpleaños, bautizos, bodas, graduaciones y hasta encontramos razones para reunirnos sin que exista una razón.
Somos capaces de hacer fiesta en medio de las dificultades, de reírnos de nosotros mismos y de encontrar esperanza incluso cuando las cosas se complican.
Y está también esa solidaridad tan nuestra. Cuando alguien necesita ayuda aparece la familia, el vecino, el amigo o incluso un desconocido. Tenemos una extraordinaria capacidad para acompañarnos.
Quizá por eso aquella frase me pareció tan poderosa.
No creo que los mexicanos tengamos la fórmula de la felicidad. Pero sí creo que nuestra cultura conserva algo que buena parte del mundo moderno parece estar perdiendo: entender que una vida plena no necesariamente es la que acumula más cosas, sino la que acumula personas, sobremesas, abrazos, historias y recuerdos.
Ser mexicano es llevar una cultura construida durante siglos, pero también una forma muy particular de mirar la vida: con alegría, ingenio, generosidad y una enorme capacidad para levantarnos una y otra vez.
Esta semana, mientras celebramos a México, quiero hacerlo pensando menos en los símbolos y más en las personas.
En nuestras familias. En nuestros amigos. En nuestras mesas llenas. En nuestra música. En nuestras risas. En nuestra costumbre de estar presentes cuando alguien nos necesita.
Tal vez mi amiga tenga razón.
Quizá al mundo sí le vendría bien vivir un año en México.
Aunque fuera solamente para recordar que, muchas veces, para ser feliz no necesitamos tener más.
Necesitamos tenernos más.
Saludos a todas y a todos y por aquí nos vemos la próxima semana.
