Camino a Valinor
El contraste es claro V.3
José Inocencio Aguirre Willars
¡Hola! Muy buenos días, tardes o noches, dependiendo la hora en que me lean.
Son tiempos electorales, momentos en los que escuchamos mucho eso de “hay que votar por diputados locales”, pero siendo honestos, mucha gente sigue sin tener claro qué hace realmente un diputado. Y no, no es solamente levantar la mano, salir en fotos o subirse a tribuna a gritar consignas para TikTok.
Un diputado local, explicado de manera simple, es quien ayuda a construir las reglas bajo las cuales funciona un estado. Son quienes aprueban leyes, presupuestos y proyectos. Son quienes pueden facilitar que un gobierno avance… o convertirse en un obstáculo permanente.
Imagínese un equipo de fútbol. El gobernador puede ser el director técnico y los alcaldes los jugadores en la cancha, pero el Congreso es la directiva que decide si hay recursos, si hay respaldo y si el proyecto tiene continuidad. Cuando todos jalan hacia el mismo lado, el equipo avanza. Cuando cada quien quiere jugar su propio partido, vienen los problemas.
Por eso, cuendo existe un rumbo claro, es importante tener congresos locales en sintonía con los gobiernos estatales y municipales. No significa obedecer ciegamente. Significa entender un proyecto, acompañarlo y ayudar a que las cosas sucedan.
En Coahuila, por ejemplo, guste o no reconocerlo, hay una coordinación que ha permitido mantener estabilidad en temas fundamentales: seguridad, empleo, infraestructura, atracción de inversiones y servicios. Mientras en otros estados se pelean entre ellos, aquí al menos existe rumbo.
Y basta voltear a ver algunos estados donde Morena tiene el control absoluto: gobierno estatal, congreso, municipios y hasta organismos capturados políticamente. Ahí es donde entendemos que el problema no es solamente quién gobierna, sino qué pasa cuando desaparecen la planeación, la experiencia y la capacidad.
Porque una cosa es tener mayoría para construir… y otra muy distinta es tener mayoría para improvisar.
En los estados gobernados por Morena hemos visto congresos convertidos en oficialías de partes. Diputados que aprueban ocurrencias sin análisis, presupuestos opacos, endeudamientos disfrazados, proyectos inútiles o leyes hechas más para alimentar narrativas que para resolver problemas reales.
Y cuando todo el poder se concentra en un “movimiento” sin preparación ni contrapesos serios, comienzan las consecuencias: inseguridad, pleitos políticos eternos, obras abandonadas, sistemas de salud colapsados y gobiernos más preocupados por la propaganda que por gobernar.
Por eso las elecciones locales importan mucho más de lo que creemos.
No se trata solamente de elegir un nombre en una boleta. Se trata de decidir si queremos diputados que ayuden a construir acuerdos y dar estabilidad, o legisladores dedicados al espectáculo, la polarización y la confrontación diaria.
Porque al final, un Congreso local puede convertirse en motor… o en freno.
Saludos a todas y a todos y por aquí nos vemos la próxima semana.
