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28 de septiembre de 2026
Opinión

Con-ciencia y sin corbata

Con-ciencia y sin corbata
  • septiembre 28, 2026

Si esto existe, que sirva

EMILIANO CALVERT

Anoche vi a Javier Milei hablando en la ONU.

Y pensé: si vas a criticar a la ONU, probablemente el lugar más incómodo (y también el más efectivo) para hacerlo es parado en la tribuna de la ONU.

Milei, fiel a su estilo, no llegó precisamente a repartir abrazos.

Se puede estar de acuerdo con él, en desacuerdo, pensar que exagera o hasta bajarle dos rayitas al volumen. Pero hubo una parte del discurso que sí me hizo algo de sentido.

Hablando de Malvinas, dijo que el problema no era que faltaran resoluciones. El problema era que esas resoluciones tuvieran consecuencias. Y remató diciendo que una institución que no logra que su palabra pese sobre los hechos termina perdiendo autoridad.

Ahí dejé de pensar en Argentina.

Y empecé a pensar en las empresas.

Porque, guardando proporciones, ¿cuántas organizaciones conocemos donde pasa eso?

Tenemos políticas.

Tenemos manuales.

Tenemos procesos.

Tenemos juntas.

Tenemos hasta un Excel para comprobar que tuvimos la junta donde revisamos el proceso que está en el manual.

Pero luego preguntas qué cambió realmente…

y se hace un silencio bastante bonito.

La crítica de Milei fue más completa. Dijo que, a su juicio, la ONU se ha alejado de parte del propósito con el que nació y cuestionó qué tanto sirven las resoluciones si pueden quedarse archivadas durante años. También dijo que Argentina seguirá participando en foros multilaterales porque hay problemas que requieren trabajo conjunto.

O sea, no fue simplemente:

“Vámonos de aquí”.

Fue más bien:

Si esto existe, que sirva.

Y esa pregunta me gustó mucho más que discutir si Milei tiene razón o no.

¿Para qué existe lo que existe?

En las empresas dejamos de cuestionarlo muy rápido.

Hay reportes que alguien pidió hace ocho años y hoy se siguen haciendo si o si, aunque probablemente ese alguien ya ni trabaje ahí.

Hay juntas de dos horas que podrían ser un WhatsApp.

Hay autorizaciones que pasan por cinco escritorios no porque agreguen valor, sino porque así dice “el proceso”.

Y están mis favoritas: las políticas internas que nadie entiende, pero que todos defienden.

No estoy diciendo que los procesos sean malos. Una empresa sin procesos termina dependiendo de la memoria y la buena voluntad de la gente.

Eso tampoco es sustentable.

Pero hay una diferencia enorme entre tener estructura y terminar trabajando para la estructura.

Una institución puede empezar resolviendo un problema y, con los años, volverse buenísima administrándose a sí misma.

Contrata gente. Crea departamentos. Hace reuniones. Publica documentos.

Y un día tiene una maquinaria envidiable…

aunque nadie tenga demasiado claro si el problema original está mejor.

Por eso, de vez en cuando, cualquier organización debería agarrar cada junta, reporte, procedimiento y autorización y preguntar:

¿Esto para qué sirve?

No quién lo pidió.

No desde cuándo lo hacemos.

¿Para qué sirve?

Milei dijo también que Argentina no piensa quedarse esperando a que la ONU esté “a la altura de su propio mandato”.

Y esa frase, si la piensas es sumamente fuerte.

Porque una empresa también tiene un mandato, aunque no esté escrito con sangre.

Resolver algo. Crear valor. Atender a alguien.

Y el día que mantener el procedimiento se vuelve más importante que cumplir ese propósito, el problema ya no es el procedimiento.

Es que se nos olvidó para qué empezamos.

Y para descubrir eso no hace falta una Asamblea General.

A veces basta con cancelar una junta.