Con-ciencia y sin corbata
¿Loco o Vasco?
Emiliano Calvert
Hubo dos conferencias de prensa en los últimos días que, juntas, hacen una buena historia.
En una, Javier Aguirre hablaba con una calma y autoridad… después que México cerrara la fase de grupos con paso perfecto, líder invicto, casi presumiendo que iba a cuidar a sus jugadores.
En la otra, en Guadalajara, Marcelo Bielsa, con la cabeza baja en todo momento, soltaba una de las autocríticas más duras que se le recuerden: “Soy el responsable de esta decepción”.
El mismo torneo, la misma semana, dos finales muy distintos.
Te invito a recordar que estos dos hombres estuvieron, en 2024, sobre la misma mesa.
La Federación Mexicana de Futbol tuvo enfrente a Bielsa (llegado a los ojos del Tri por un proyecto de Grupo Pachuca) y a Aguirre.
Según Infobae, el cambio de estructura en la FMF jugo a favor de la “opción conservadora”, el Vasco, y Bielsa terminó mudándose a Uruguay.
Media afición (incluyéndome) gritó que México había fallado. “Habíamos elegido al artesano cuando podíamos tener al artista”.
Cómo llegaron.
México realmente no jugó eliminatoria. Por ser anfitrión, tuvo año y medio de laboratorio y, según la FMF, quince partidos contra oponentes de primer nivel para ir “reafirmando” una idea.
Uruguay sí sudó el clasificatorio, y Bielsa arrancó su ciclo con triunfos muy buenos contra Brasil y Argentina. Empezó muy bien, aunque termino en 4to.
Uno construyó un esquema y una ideología; el otro tuvo chispazos.
Con qué cuenta cada uno.
Esto, está muy interesante.
El Loco Bielsa tenía la “generación dorada”: Valverde, Núñez, Bentancur, Araújo, De Arrascaeta. Materia prima de Champions League.
Aguirre trabaja con una plantilla más modesta, sin estrellas europeas. El propio Bielsa lo confesó ya que quedo fuera: “dispuso de un grupo de jugadores calificados y no logró convertirlo en una fuerza”.
Tenía la mejor carne en la plancha y entregó el peor taco.
Cómo juegan.
El de Bielsa es fútbol de autor: presión alta, protagonismo, posesión, su idea por encima de todo.
El de Aguirre es más estructura: orden, pragmatismo, no volverse loco, ganar 1-0 sin agobiarse (“Jugando Feo”, dicen algunos medios).
Y resultó que, este verano, la casa la terminó el de estructura.
Cómo mandan.
Aquí se decide todo.
El director de selecciones de la FMF, Duilio Davino, describió al vasco como un líder que orienta y convence a sus jugadores.
Eso se ha visto este mundial: un grupo que compró el sistema, que se cuida entre sí, que celebra junto.
Todos cantan el himno nacional antes de cada partido, hayan nacido en México o no. Todos sostienen un mismo discurso frente a los medios, sin novedades ni personalidades más grandes que el país que representan.
Y confía en su plantilla completa: rotó de a deberás, dio minutos hasta a los más jóvenes del grupo y le regaló a Ochoa una despedida/ homenaje en la cancha.
Del otro lado, el método chocó de frente con el vestuario. Su capitán, Federico Valverde, salió de cambio ante España y se fue a la banca sin saludar a Bielsa, tapándose la cara con la camiseta.
Días más tarde, en la despedida del equipo, el técnico dejó la frase que define su paso por Uruguay: “Me dejaron solo”.
El contraste de números es impactante.
México cerró 9/9, líder del Grupo A, invicto.
Uruguay se fue último de su grupo con 2/9, sin una sola victoria, eliminado en primera ronda por segundo Mundial consecutivo.
Pero lo que más me quedó dando vueltas no fue 1-0, sino la honestidad del Loco: asumió toda la culpa sin una sola excusa y termino todo con que a Uruguay no le dejaba nada, porque ningún aporte se instala si no se ganan resultados.
Tenía razón en su diagnóstico.
Porque el liderazgo no premia al que tiene la razón: premia al que logra que los demás sigan teniéndola con él.
Y eso es justo lo que no existió en Uruguay: la comunicación con el grupo.
Conscientes de sus capacidades, sus referentes le pidieron a Bielsa armar líneas sólidas y salir de contragolpe contra una España de toque, en vez de jugarle “en espejo”. Y también argumentaban que: venían de temporadas europeas eternas (liga, copa, Champions) y llegaron con sobrecargas musculares, varios con lesiones. Bielsa dijo lo contrario a la prensa: que físicamente habían sido superiores, que ese no era el problema.
Y ese es el punto: no importa quién tenía la razón.
Lo evidente es que, con un objetivo común (avanzar en la copa del mundo), jamás encontraron una solución común para lograrlo.
No los elimino la falta de talento; los elimino la incapacidad de percibir y construir el mismo proyecto.
El contraste con “El Vasco” Aguire es de aplaudir.
El vasco construyo su éxito sobre lo que a Bielsa le faltó: cercanía, un trato que convence en vez de imponer, un grupo que rema parejo porque realmente tienen un objetivo en común. Uno terminó celebrando con los suyos; el otro, sin poder ponerlos de acuerdo si quiera para el regreso. (Literalmente)
Y ahí esto deja de ser fútbol.
En cualquier empresa gastamos una fortuna en atraer talento (sueldos, capacitación, bonos), pero ese capital s´lo se vuelve fuerza cuando quien manda escucha, incluye y deja que cada uno sienta suya la decisión.
Confiar en la gente que tanto costó encontrar, formar y desarrollar, es el truco completo.
La FMF se comerá las uñas el martes contra Ecuador, como toda la afición. Pero puede dormir tranquila con una certeza: esta vez, su elección de técnico fue la correcta.
