Paralaje
¿Habrá un leño?
Hugo Díaz Aguilera
Hoy me referiré en parte al folclor mexicano respecto a las 68 lenguas indígenas con sus 264 variables lingüísticas, consideradas herencia de las culturas establecidas en territorio mexicano, sin dejar de lado que nuestro idioma oficial proviene de la ahora tan vilipendiada conquista española de la que fuimos objeto.
Vale apuntar que, junto con todo ello, existe en nuestra cotidianeidad un conjunto de palabras, modismos, dichos, etc., que nos permiten entablar una comunicación que suele darle cierta peculiaridad a quienes hacen uso de esta forma de hablar.
Botones de muestra hay muchos, como güey, chido, etc. ¿Y qué decir de los albures, los refranes y los dichos? No se asuste, esto no es una clase de español; esto es para contextualizar lo que tenemos que platicar acerca del título de esta columna.
Tendríamos que decir que utilizar el título de la columna o una variante de este para referirnos a algo en estos tiempos nos haría acreedores al calificativo de violentos o promotores de la violencia, si no es que nos acusan de hacer apología del delito.
En el siglo pasado la frase “¿No habrá un leño por ahí?” se utilizaba para referirnos a un grado de cansancio cuando alguien no quería, no obstante lo evidente, entender o aceptar algo, y se pensaba que no lo aceptaba por mero capricho. Recuerdo a mi amigo Gerardo Garza Velázquez, acá en Sabinas; cuando solíamos platicar, le gustaba mucho usar dicha frase.
Es de resaltar la actitud de Alberto Hurtado, excandidato morenista a una diputación local, y la del diputado local Gerardo Aguado, legislador panista, en el sentido de reconocer, hacer una retrospectiva y analizar los resultados que no les favorecieron en este reciente proceso electoral.
El candidato de la izquierda colombiana Iván Cepeda acaba de aceptar el triunfo de su contendiente, el ultraderechista Abelardo de la Espriella, siendo que la diferencia de votos entre ambos es de apenas un punto porcentual en la contienda por la Presidencia de Colombia, y dijo que dicha postura la asume “como un acto de responsabilidad democrática”.
Señoras y señores, ¿qué ocurre con la dirigencia de la alianza Morena-PT en Coahuila? Que, aun y cuando los resultados son no sólo claros, sino contundentes, pues en algunos distritos les ganaron 2 a 1, es decir, la alianza PRI-UDC sacó el doble de votos que ellos, no aceptan que perdieron y siguen dando patadas de ahogado.
No hicieron propuestas; apostaron a sembrar odio, rencor, lanzar constantes insultos a los comunicadores, al grado de amenazarlos; ofender al árbitro electoral y lo califican de parcial; pero además menosprecian la inteligencia de 700 mil coahuilenses, a quienes califican casi con mentalidad de nichos de pecho. ¿Qué les pasa?
Por cierto, en aquellas mesas nocturnas que pasaba con mi amigo Gerardo Garza Velázquez solía acompañarnos otro gran amigo, don Carlos Morales Villarreal, que, aprovechando la ocasión, seguramente diga: “Por este riel se fueron”.
