Trizas y trazos
El tiempo que nos queda
ANTONIO ZAMORA
El fin de semana murió Manuela García Martínez, militante panista y que siempre estuvo ahí para lo que le pidiera su partido…
A ella se le encontró muerta debido a que un infarto la sorprendió cuando dormía. Mucha gente acudió a la Parroquia de San Antonio de Padua a despedirse de la amiga, de la confidente, de la panista entrona y echada para adelante, de la prima…
Martha Martínez Villalobos encontró el siguiente texto que nos dice tantas y tantas cosas:
“La gente se va de este mundo… y la vida sigue como si nada. No importa cuánta lana tengas en el banco, cuántos planes hayas armado o cuántas angustias no te hayan dejado dormir por las noches…
Un día, simplemente, ya no vas a estar. Se van a quedar los pendientes a medias, el carro nuevo estacionado en la cochera, la ropa limpia colgada en el tendedero y la cena servida sobre la mesa…
La vida no va a poner una pausa para esperarte. Tus joyas se las van a repartir. Tu perro —por más doloroso que suene— va a aprender a querer a otra familia…
Tus cosas las van a regalar, a tirar o a olvidar. Los que te pierdan, con el tiempo, volverán a sonreír y a amar. Y en tu chamba te van a reemplazar mucho más rápido de lo que te imaginas…
Porque la vida… no se detiene. Y todo eso que un día te parecía urgente, indispensable o que te quitaba el sueño, al final se disuelve en un gran silencio…
Entonces, ¿de verdad vale la pena vivir así? Siempre a las carreras, siempre de malas, bajo una tensión eterna y correteando cosas que, a fin de cuentas, no te vas a llevar al hoyo…
A lo mejor, si tuviéramos presente que la de la guadaña camina siempre a nuestro lado… hoy mismo nos pondríamos la ropa favorita, esa que guardamos para algo especial…
Tal vez perdonaríamos más seguido y juzgaríamos menos. Diríamos te amo sin miedo…
Quizá, si entendiéramos que este viaje tiene un final invisible, miraríamos más seguido al cielo, bailaríamos sin saber y dejaríamos de vivir como si tuviéramos una eternidad…
La gente se va de este mundo a cada rato. Cada día, cada segundo. Pregúntate, con la mano en el pecho: ¿qué estás haciendo con el tiempo que te queda? Vive, perdona, ama y haz que lo que dejes en este mundo sea luz y no sólo cosas…
¿Quién se iba a imaginar lo que le pasaría a Mela?
Nos leemos mañana.
