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19 de junio de 2026
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  • junio 19, 2026

La Guerra Cristera

Rubén Aguilar Valenzuela

Este año se cumplen 100 años del inicio de la Guerra Cristera, que se desata en época del presidente Plutarco Elías Calles (1877-1945), y se prolonga hasta 1929 y termina con los Acuerdos de Paz, conocidos como “Los Arreglos”, que se firman en Palacio Nacional entre el gobierno de la República y la Iglesia Católica.

Por el gobierno suscribe el presidente interino Emilio Portes Gil (1890-1978), y por la Iglesia monseñor Leopoldo Ruiz y Flores (1865-1941), y monseñor Pascual Díaz y Barreto (1876-1936). El mediador fue el embajador de Estados Unidos en México, Dwight W. Morrow (1873-1931).

A la entrada del atrio de la Catedral de Cuernavaca, sede del obispo de la diócesis de Cuernavaca, monseñor Ramón Castro y Castro (Jalisco, 1956), que también es presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), ahora hay un mensaje que recuerda ese episodio de la historia de México.

Es un texto, que da cuenta de los hechos desde el lado de la Iglesia y en particular del obispo. Aquí transcribo el texto:

“La Gesta Cristera, también conocida como la Guerra de los Cristeros o la Cristiada, fue un conflicto armado en México que se extendió de 1926 a 1929.

Fue una lucha violenta entre el Gobierno del Presidente Plutarco Elías Calles y milicias de religiosos católicos que se oponían a las leyes que restringían severamente la libertad de culto.

Aunque la Constitución de 1917 ya era anticlerical, el presidente Calles decidió llevarla al extremo en 1926. Promulgó una ley (la Ley Calles) que buscaba limitar el número de sacerdotes, prohibir las órdenes religiosas y castigar con cárcel a quien enseñara religión o vistiera hábitos en público.

Ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo político, muchos católicos (especialmente en el centro y occidente de Mexico: Jalisco, Michoacán, Guanajuato y Colima) tomaron las armas bajo el lema: “¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!”

No fue un ejército profesional, sino una resistencia civil compuesta mayoritariamente por campesinos que sentían que el Estado estaba atacando su identidad y sus creencias más Profundas.

Hubo fusilamientos, ahorcamientos en postes de telégrafo y persecución religiosa por un lado, y ataques a maestros rurales por el otro (ya que se les veía como representantes del gobierno ateo)

La Unión Popular fue la organización civil que apoyó logísticamente a los combatientes.

Las “Brigadas Femeninas de Santa Juana de Arco”: Miles de mujeres jugaron un papel vital transportando municiones y comida de forma clandestina”.

A lo largo de 2026, la CEM y las diócesis en lo particular harán eventos, y también publicaciones, para recordar ese acontecimiento, fundamental en la historia de la iglesia de México.

 

@RubenAguilar