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18 de junio de 2026
Opinión

Con-ciencia y sin corbata

Con-ciencia y sin corbata
  • junio 18, 2026

Made in Japan

Por Emiliano Calvert

En 2005, la Federación Japonesa de Futbol hizo algo que sonaba sin sentido.

Se sentaron en una mesa y escribieron una meta:

Ganar la Copa del Mundo antes de 2050.

No el siguiente Mundial.

No el siguiente ciclo.

No la siguiente administración.

Cuarenta y cinco años después.

Y lo verdaderamente interesante no es la meta.

Es que la trataron como un KPI.

Cualquiera puede decir que quiere ser campeón del mundo.

Eso es gratis.

La diferencia es cuando te sientas a diseñar cómo, con qué y para cuándo.

Una meta sin fecha es un buen sueño. Una meta con fecha es un proyecto.

Y en el momento en que le pones fecha, deja de ser solo inspiración y se vuelve gestión.

Algunos tenemos metas a 30, 60, 90 días.

Muy pocos se animan a tener una a 45 años.

Vale la pena recordar de dónde salieron.

A principios de los noventa, Japón ni siquiera era un país futbolero.

El béisbol dominaba la conversación nacional; el futbol juntaba unos cuantos miles de aficionados con mucho esfuerzo.

Hoy es otra cosa.

En Qatar 2022 le ganaron a Alemania y a España en el mismo Mundial.

Rumbo a esta Copa de 2026 fueron la primera selección del planeta en clasificar, con 24 goles a favor y uno en contra en toda la eliminatoria asiática.

Y en su debut, hace unos días, le sacaron un 2-2 a Países Bajos remontando dos veces, sin Mitoma (su “mejor jugador” por lesión)

¿Qué pasó en medio?

Un plan.

Y algo todavía más raro: la disciplina para no dejarlo.

Aquí conviene quitarle lo romántico a todo esto.

 Japón no construyó una selección.

 Construyó una línea de producción, y la corrió como una planta Toyota.

1.- Primero, estandarizaron el método.

Diseñaron una sola metodología nacional (Japan’s Way) y la enseñan igualita desde las ligas infantiles hasta la selección mayor.

El mismo idioma futbolístico en todo el país: trabajo estandarizado, como en una fábrica donde cada planta arma el carro exactamente de la misma forma.

2.-Segundo, se obsesionaron con el dato. Montaron un laboratorio de formación juvenil con estándares biomecánicos y perfiles ideales por posición.

No es talento al tanteo: es genchi genbutsu, el principio japonés de “ir y ver” con números en la mano, no con “yo siento que por ahí va”.

Y esto no nació ayer.

Ya en los sesenta habían traído a un técnico alemán, Dettmar Cramer, que los llevó al bronce olímpico de México 68 y les dejó un aviso: sin una estructura organizada, todo el proyecto se iba a venir abajo.

Tardaron treinta años, pero le hicieron caso.

3.-Y tercero, lo más impresionante del plan no es lo que hicieron bien.

Es lo que admitieron que hacen mal.

Después de poner academias, profesionalizar su liga, fortalecer sus selecciones juveniles y empezar a exportar jugadores, los japoneses se sentaron a buscar su propio cuello de botella.

Y lo encontraron: les faltan entrenadores.

Japón tiene alrededor de 8,000 directores técnicos certificados.

España, Italia y Alemania pasan los 20,000 cada uno.

Ningún entrenador japonés ha dirigido todavía en una de las cinco grandes ligas europeas.

Lo escribieron en su propio plan.

Con número y todo.

Y lo marcaron como el principal obstáculo a vencer antes de 2050.

Eso no es marketing. Es teoría de restricciones pura: un sistema no avanza más rápido que su eslabón más lento.

Es, por cierto, lo más japonés que hay, ellos lo inventaron literalmente.

Kaizen/ Mejora continua aplicado a la selección nacional: encontrar el defecto, corregirlo, repetir.

Y si quieres saber si todo ese plan de verdad sirve, hay un solo número que lo dice.

Cuando Japón jugó su primer Mundial, en Francia 1998, ninguno de sus jugadores estaba en las grandes ligas de Europa.

Ninguno.

De los 26 que llevó a este Mundial 2026, veintitrés juegan en Europa. Solo tres siguen en la liga local.

No me digas que formas talento. Dime dónde termina trabajando ese talento.

No me digas que tu modelo funciona.

Enséñame cuántos de tus egresados compiten al más alto nivel.

No me digas que tu estrategia es buena.

Enséñame los números.

La exportación termina siendo la métrica más transparente que hay: el mercado más exigente del mundo votando, con dinero, por lo que produces.

Y aun así, el detalle que mejor representa a Japón no es ninguna victoria.

Es una frase que escribieron en 1993, cuando nació su liga profesional:

100 clubes en 100 años.

Una meta para el año 2092.

Ahí todo empieza a hacer sentido.

No estaban construyendo una selección.

Estaban construyendo una cultura.

Y la diferencia es muy grande: una selección dura un torneo; una cultura dura generaciones.

Una se arma para ganar; la otra se diseña para durar.

Por eso, cuando se les lesiona el mejor jugador, la máquina sigue a toda capacidad.

El sistema no depende de un “fuera de serie”.

Depende del proceso que lo produce.

Por eso esta historia me llamo tanto, no estamos hablando únicamente de futbol.

Habla de algo mucho más raro: gente capaz de pensar más allá de si mismos.

De ser parte de esos planes cuyos resultados, muy probablemente, no les toque ver.

Mientras muchos seguimos discutiendo qué vamos a lograr este año, ellos llevan 20 trabajando sobre una meta que todavía otros 25 de distancia.

Y viendo lo que ya consiguieron, uno empieza a sospechar.

Que 2050, no es solamente una fecha.