Banner

El medio que cubre todo Coahuila

9 de junio de 2026
Opinión

Con-ciencia y sin corbata

Con-ciencia y sin corbata
  • junio 9, 2026

Acuse de recibo
Por Emiliano Calvert

 

Hace unas semanas me tocó regresar a unas oficinas donde alguna vez trabajé.

No sé si les pase igual, pero volver a un lugar donde pasaste años siempre tiene algo diferente.

Es como regresar a la casa donde creciste.

Todo sigue ahí.

Pero tú ya no estás ahí.

Hay caras nuevas.

Hay procesos nuevos.

Hay personas que probablemente ni siquiera saben que alguna vez estuviste ahí.

Y está bien.

Así es como debe funcionar la vida.

Entre esas vueltas me encontré a una persona con la que convivía bastante cuando trabajaba ahí.

Nos saludamos.

Nos pusimos al corriente.

Nos reímos de algunas historias de antes.

Y entonces hice una pregunta que, siendo completamente honestos, tenía un poco de ego escondido.

—Oye… ¿y ahora quién viene por los manifiestos?

En aquellos años yo era quien los llevaba y recogía para la unidad en la que trabajaba.

Una vez por semana.

A veces cada diez días.

Era una responsabilidad sencilla, pero constante.

La respuesta llegó en seco.

Sin nostalgia.

Sin reconocimiento histórico.

Sin absolutamente nada de lo que mi ego esperaba escuchar.

—Ah, la paquetería.

—¿La paquetería?

—Sí. Viene todos los días.

Todos los días.

Yo iba una vez por semana.

La paquetería va diario.

Y probablemente llega más temprano.

Por un segundo me quedé viendo el café.

Uno nunca está preparado para descubrir que fue reemplazado por una camioneta con rastreo satelital.

Luego nos soltamos riendo.

Porque la realidad era demasiado evidente para ofenderse.

Y porque, siendo justos, era una solución muchísimo mejor.

De regreso pensé…

Todos conocemos a alguien que se cree indispensable.

El que dice:

“Si me voy una semana, esto se cae”.

El que responde mensajes en vacaciones.

El que no comparte información.

El que tiene una contraseña guardada en un cuaderno viejo.

El que siente que carga a toda la organización con pura fuerza de voluntad.

Y lo entendemos.

Porque sentirse necesario se siente fregón.

A todos nos gusta pensar que dejamos huella.

Que hacemos falta.

Que alguien nota cuando no estamos.

Pero la vida tiene una forma muy elegante de ponerte en tu lugar.

Las ciudades siguen funcionando.

Las empresas siguen operando.

Los grupos de WhatsApp siguen mandando memes.

Y los manifiestos siguen llegando.

Incluso más rápido.

Y, lejos de ser algo triste, creo que es una gran noticia.

Porque significa que somos parte de algo más grande que nosotros.

Los relevos existen.

Los procesos mejoran.

La gente aprende.

Las organizaciones evolucionan.

Y el mundo sigue avanzando.

Tal vez por eso las despedidas duelen.

Porque durante un tiempo creemos que estamos cerrando un capítulo importante.

Y sí.

Lo es para nosotros.

Pero para el libro completo apenas es una página.

Salí de esa visita con una conclusión bastante menos dramática que la típica frase de “nadie es indispensable”.

Al final, la historia no trata de manifiestos ni de paqueterías.

Trata de lo fácil que es sobreestimar nuestro papel en una historia que empezó antes de nosotros y seguirá después.

Y la verdad, qué bueno.

Porque si algo aprendí ese día es que el mundo sigue girando, las empresas siguen trabajando y los manifiestos siguen llegando.