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26 de mayo de 2026
Opinión

Con-ciencia y sin corbata

Con-ciencia y sin corbata
  • mayo 26, 2026

Ándale, déjame ir, aunque sea solamente a ver

EMILIANO CALVERT

El domingo amaneció lleno de notas que confirmaban lo de siempre (que Cruz Azul es, evidentemente, el mejor equipo de México) … pero entre tanta nota hubo una que valía la pena ver con atención.

En las últimas semanas se armó polémica por la decisión de Javier Aguirre de concentrar a Erik Lira y a Guillermo “Memote” Martínez con la Selección, dejándolos fuera de la final del futbol Mexicano entre Cruz Azul y Pumas.

Visto en retrospectiva (y después de lo que le pasó a Carrasquilla, el “Coco” panameño que salió en camilla, llorando, con el aductor reventado a 21 días del Mundial) el Vasco no podía haber tenido más razón.

Una jugada cualquiera.

Un crujido.

Y un mundialista que se aleja de su sueño.

Así de delgada es la línea entre prepararte para un Mundial… y verlo desde la sala de tu casa.

Aunque el tema de ser precavido y cuidadoso es interesante, hoy hablaremos de otra cosa.

Aguirre, en plena concentración, les dio permiso a Lira y a Memote para acompañar a sus equipos.

No para jugar.

Para estar.

Para vivir la final desde dentro.

En palabras del propio Vasco: “me parece hasta sano… ir a celebrar o estar hombro con hombro con los derrotados”.

A Lira le tocó el lado fregón: campeonato, vuelta olímpica, ese vestidor donde se cuentan historias que vas a repetir toda la vida.

A Memote, el otro lado: el silencio del 1-2, las caras largas, esa plática dolorosa del final del día donde haces inventario de lo que faltó.

Y ahí está lo que me llamo la atención.

No es el permiso.

Es el por qué.

Un técnico podría haber dicho (con toda la razón):

“concentración es concentración, no hay distracciones, punto”.

Y nadie le decía nada.

Pero Aguirre lo hizo distinto.

Pesó la concentración contra la formación.

Pesó el calendario contra la experiencia de por vida.

Entendió algo que se nos olvida a veces:

Un Profesional no se construye sólo en los entrenamientos…

también se construye en esas noches que no se olvidan.

Ganadas o perdidas.

Y aquí es donde dejamos de hablar de fútbol.

Pensemos en el norte.

En las empresas familiares.

En los despachos.

En los talleres.

¿Cuántas veces un jefe decide promociones, castigos o proyectos… sin tener idea en qué momento personal está la persona que tiene enfrente?

¿Cuántas veces mandas al chavo a “agarrar callo” … sin darte cuenta que el callo cuesta menos si no lo agarra solo?

¿Cuántas veces confundimos disciplina… con indiferencia?

El norteño se presume de duro, estricto.

Pero a veces se nos olvida que lo duro no está peleado con ser humano.

Y que la lealtad al líder y proyecto no se compra sólo con bonos.

Se gana en momentos como este:

cuando alguien arriba se tomó el tiempo de verte como persona… antes que como profesionista.

Lira y Memote van a regresar al CAR esta semana con algo nuevo.

Uno con la euforia todavía caliente.

El otro con el vacío todavía fresco.

Los dos… más curtidos.

Y Aguirre eso, siempre lo supo.

Cuando dejas de liderar desde el Excel…

y empiezas a liderar desde la historia de cada uno.

Cuando entiendes que formar gente no es sólo exigirles…

es también saber en qué momento apretar que botones.

Eso (aunque suene fácil) no es común.

Pero empieza a sentirse distinto.

Un liderazgo más consciente.

Más humano.

Más canijo… porque sí construye de fondo.

Y ese no es un tema de fútbol.

Es una decisión diaria.

De las que cambian equipos.