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5 de abril de 2026
Opinión

PARALAJE, Coincidencias II

  • febrero 9, 2023

Por Hugo Díaz Aguilera

El estira y afloja para ponerle fin al problema entre Jesús Espinoza y Régulo Zapata Morales se ha mantenido igual que desde la misma noche en que se dieron los hechos- cuando aún no se sabía del saldo que de manera inmediata arrojaría para los protagonistas- sigue sin hacerse justicia.

Allegados al conflicto comentan que no obstante las gestiones de la parte afectada (Jesús) hablan que “curiosamente” la Fiscalía Especial para Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión -con una gran historia pero magros resultados- se negó a atraer el caso.

Sin embargo también dicen que a nivel estatal el mecanismo pudiera atender la demanda del reportero, claro no tendría el mismo impacto, pero recibiría la atención.

La Fiscalía a nivel nacional ha atendido demandas de dos compañeros comunicadores de la región carbonífera que se han sentido agredidos o al menos bajo amenazas intimidatorias producto del trabajo que realizan, y comentan que no es nada grato estar bajo la figura de protegido, mucho menos desplazado.

La tragedia del pozo El Pinabete en el ámbito legal tiene como representante al abogado Alejandro Franco Puente cuyas oficinas se encuentran en un local de un complejo propiedad de Rogelio Reséndiz Martínez sobre la calle principal de Sabinas, es decir, existe otro denominador común entre la agresión al periodista y la tragedia minera.

Régulo Zapata es un nombre de abolengo, de amplia prosapia y de gran linaje, pues el abuelo de Zapata Morales fue alcalde de Sabinas; en Nueva Rosita una calle lleva su nombre; mientras que el padre de segundo apellido Jaime repitió la hazaña como alcalde de la hospitalaria y con una amplia trayectoria política a nivel estatal en varios partidos políticos.

Zapata Morales no se ha quedado atrás, durante un tiempo entre sus amistades comentó haber sido asesor en una campaña presidencial en centro américa, ha presumido mediante fotografías nexos con políticos de la talla de Manlio Fabio Beltrones y Yeidckol Polevnsky entre otros.

En la tierra donde se rindió Doroteo Arango mucha gente lo aprecia además por haber sido un gran deportista, pero ninguno lo conocía con la sangre fría y el odio para dejar postrado en la cama por más de un mes y contando  por una pierna rota no solo a un periodista sino a alguien que el pueblo suponía era amigo de la familia.

Rogelio Reséndiz ayer le contestó a su contraparte para decirle que está buscando otras alternativas para llegar a un “arreglo”, a mí no me ha devuelto la llamada, no obstante me puse a sus órdenes, al teléfono que tiene registrado para lograr una entrevista,.

Esta columna continuará la próxima semana…