Paralaje
Javier “Lija” Flores
Por Hugo Díaz Aguilera
Me contó Pancho Gómez “El Burro” que el apodo de “La Lija” se lo pusieron porque, siendo jóvenes, cuando pertenecían a la rondalla del Cecyt 81, solían verle montado en su motocicleta y con una guitarra eléctrica. En aquel entonces, la juventud utilizaba el mote de “lija” para referirse a algo con mucho estilo (con mucha “crema”, diríamos después).
Fue así como se le quedó llamarle de cariño al buen Francisco Javier Flores Mercado, “La Lija”. Tiene un largo historial como músico; yo lo vi actuar como bajista de JLB y Cía. en uno de los eventos de aficionados al canto que hacía Gilberto Briseño “El Fósil” en el salón de la sección 14, en Nueva Rosita.
Javier era un tipo que transmitía alegría y entusiasmo al estar tocando; sabía hacer su trabajo en el escenario. Entre 1985 y 1986 formaría, junto con su hermano Pepe, Javier Ramos “El Cara”, Pancho Gómez “El Burro” y Gerardo “La Perra” Bilbao, el grupo Andariego de Sabinas, Coahuila; lo formaron bajo el concepto de sociedad. Musicalmente, el grupo fue un éxito, con 10 canciones que rápido se quedaron en el gusto de la raza de la onda grupera.
Por una “mala cabeza”, dijo “El Burro”, el grupo como tal no dio para más de un disco de larga duración. Fue entonces que Javier Flores decidió emigrar con su familia a los Estados Unidos, donde conformó un concepto que poco a poco arraigaría: tocar él solo con sus teclados.
Ya en San Antonio, Texas, “La Lija” nunca se separó del todo de los músicos de la región carbonífera, pues solía ayudarles cuando los grupos de acá tocaban por aquellos “lares”; ya sea brindándoles su casa y/o, si se requería, se aventaba el “palomazo”.
Cuando Javier Ramos “El Cara” iba con su grupo Aventurero, “La Lija” siempre les echaba la mano. Grabando Aventurero su segundo disco y estando presente “La Lija”, me cuenta Carlos Lozano (tecladista de Aventurero), les sugirió no tocar muy sofisticado y le dijo: “Carlitos, usted tóquele a la raza que va a bailar, no le toque a los músicos”.
El Yamaha, el Korg M1 y otro teclado que usaba “La Lija” siempre estaban dispuestos para la raza que iba de México a jalar a Estados Unidos, incluso en las presentaciones que tenía “La Lija”. Me contaron que en una ocasión, en una fiesta, se le acercó un gringo y le pidió oportunidad de un “palomazo”, a lo que Javier accedió. El gringo se lanzó tocando escalas mayores y menores, tonos, semitonos, tríadas y diversas armonías en cada canción, hasta que Javier le puso el alto porque el gringo “solo quería presumir sus habilidades”… tiramos la carcajada; así era Javier Flores.
Dice el dicho que las personas se van, pero sus obras se quedan. A “La Lija” solo lo conocí por pláticas (fuentes fidedignas, decimos nosotros). Desconozco qué tan prolífica pueda ser la obra musical de Flores Mercado; lo que sí creo es que deja un muy grato recuerdo entre sus amigos y quienes lo conocieron de cerca. Imagino que fue a toda madre.
Murió el pasado sábado en San Antonio, Texas.
