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22 de abril de 2026
Opinión

Dobleces

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  • abril 22, 2026

Dolores tuercen derechos humanos

Israel Mendoza Pérez

El silencio procaz de María Dolores González Saravia Calderón, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, en el feminicidio de Edith Guadalupe Valdés Zaldívar, confirma la falta de sensibilidad y compromiso, con las víctimas, para actuar de oficio y se convierte, de facto, en encubridora de una investigación burocrática y torpe, confeccionada desde el interior de la fiscalía capitalina.

Incluso, en esta pasividad de parte de la CDHCDMX, se encuentran Sofía Robina Castro, Primera Visitadora General y Claudia Alarcón Zaragoza, Segunda Visitadora General, ya que no han emitido, en más de cinco días, desde que se reveló este asunto, ningún pronunciamiento en contra de la fiscalía capitalina ni en apoyo de la víctima y sus familiares, que a final de cuentas, fueron quienes llevaron a cabo la investigación que le correspondía a las autoridades y de paso fueron víctimas de corrupción.

La comisión en manos de González Saravia, se convirtió, en cinco meses, en un apéndice del partido que encabeza en la Ciudad de México, Héctor Díaz Polanco. Militancia innegable. Por ello, la comisión tiene una actitud tibia frente a un caso de un feminicidio que conmocionó a los capitalinos por el nivel de corrupción y yerros en la que se encuentra la procuración de justicia en la capital.

El caso de Edith exhibe omisiones por parte de la fiscalía, tortuguismo entre personal de la Policía de Investigación y del Ministerio Público, durante 15 horas, impunidad y corrupción. Sin embargo, el asunto para la CDHCDMX pasa desapercibido, los funcionarios están en el olimpo de las complacencias políticas y los boletines insulsos. Mientras tanto, Dolores Saravia, desde la comodidad y el privilegio, permite que se tuerzan los derechos humanos. Las pruebas están frente a ella.

A final de cuentas no hay garantías para las mujeres en materia de protección y derechos humanos en la capital del país. Edith salió a buscar un trabajo y encontró la muerte. Su familia salió a buscar justicia y encontró la desolación máxima por parte de las autoridades. Los derechos humanos en la Ciudad de México, pasaron al nivel más alto de la irrelevancia en los más de 30 años de existencia de la comisión.

Y es que el feminicidio es la parte atroz. Y el drama de la familia que pasó a tomar el papel de policía de investigación, con los riesgos, que conlleva es la parte culminante de este caso en el que las visitadurías encargadas de estos temas se encuentran en el silencio cómplice. Víctimas de su inexperiencia y saturadas de una agenda política dictada por González Saravia.

La primera omisión de Dolores González Saravia fue ignorar este caso. Encubre funcionarios al autoreprimir un pronunciamiento. Y sin la mínima intención de investigar el caso dentro de ese inmueble, se protege a una posible red de tratantes que operan en la ciudad de México.

El caso se complica para los funcionarios y la dependencia a la que llegó la ombudsman, en noviembre pasado, comienza a dar visos de pago de favores políticos y poca atención a las víctimas.