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26 de enero de 2026
Opinión

Convicciones

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  • enero 26, 2026

El Maximato

Rubén Aguilar Valenzuela

 

Un general de división que se desempeñó en los más altos cargos en el Ejército y en la Secretaría de la Defensa (Sedena), meses antes de que Claudia Sheinbaum Pardo, entonces jefa de Gobierno de la Ciudad de México, fuera nombrada candidata presidencial de Morena en las elecciones de 2024, me dijo, que no había ninguna duda de que ella era.

Y para sostener su afirmación me contó, había evidencias claras, que a los posibles candidatos de Morena, el presidente López Obrador (2018-2024), fundador y líder real y moral del partido, a lo largo de su gobierno les puso pruebas de lealtad y fidelidad, y que ella era la única que las habías pasado todas. En septiembre de 2023, Sheinbaum Pardo fue nombrada la candidata.

López Obrador se implicó a fondo en la campaña presidencial en apoyo, y entre otras cosas, utilizó sus comparecencias mañaneras para hacer propaganda a su favor. A lo largo del proceso electoral, en 140 días seguidos, violó la ley electoral, y el INE le sacó tarjeta roja, pero no hizo más para evitar su participación. Sheinbaum Pardo gana la elección en junio de 2024.

Después del triunfo, y él, todavía en el cargo, le nombra a la presidenta por lo menos la mitad de los secretarios, entre ellos al de Defensa y Mariana, y a la secretaria de Gobernación. Le nombra también a la presidenta del partido y al secretario de Organización, su hijo Andy, ya a los líderes de las cámaras de Senadores y de Diputados.

La presidenta, sin más, acepta todos los nombramientos y se suma a ellos, y tiene, a cambio, la posibilidad de elegir a algunas y algunos secretarios, en aquellas dependencias que a López Obrador no le interesan de manera particular. Se constituye un gabinete donde como efecto del Maximato, la presidenta no ejerce todo el control del gobierno que preside.

Ya en el cargo, a Sheinbaum Pardo le empezaron a salir una serie de redes de corrupción en las que están implicados familiares, amigos y funcionarios del gobierno de López Obrador. Se habla incluso de él mismo. Las pruebas aportadas por quienes investigan estos hechos son contundentes y están a la vista, la presidenta las conoce, pero la orden que le ha dado su sucesor, líder y mentor, es que la justicia no puede actuar sobre ellos y los debe proteger y mantener en sus cargos.

La presidenta, aunque no convenga a su imagen y la de su gobierno, se somete a las instrucciones de López Obrador, a quién de manera pública, en algunas de sus comparecencias mañaneras, ha manifestado su reconocimiento, respeto y admiración. Todos los días la evidencia del Maximato se hace presente, más en unos temas que en otros, de eso no hay duda. La pregunta es por qué.

Propongo dos posibles respuestas: La presidenta ve como algo positivo y natural que el Maximato, ante la fuerza “histórica” de su mentor y líder, no solo debe existir sino tiene que hacerse presente cada vez que este juzgue necesario intervenir. Ella se asume como parte de ese partido y movimiento. La otra es que se trata de una clara manifestación de debilidad de la presidenta. Ella quiere oponerse al Maximato, pero no tiene la fuerza al interior del partido y del gobierno para impedirlo, y lo tiene que soportar y administrar, para poder mantenerse en el cargo.

@RubenAguilar