Con-ciencia y sin corbata
Isaac del Toro, para principiantes
Emiliano Calvert
Te voy a pedir unos minutos para contarte del deporte más duro del mundo. No porque me haya vuelto experto en bicicletas, sino porque un muchacho de Ensenada, de 22 años, lo está poniendo de cabeza… y no quiero que te lo cuenten mal.
Se llama Isaac del Toro. Le dicen el Torito.
Y para dimensionar lo que está haciendo, primero hay que entender dónde lo está haciendo.
El deporte más duro del mundo
El Tour de Francia es la carrera de bicicletas más importante del planeta. Los números impactan solitos:
Tres semanas de competencia. Veintiún días de carrera y sólo dos de descanso.
Más de tres mil kilómetros, con los Alpes y los Pirineos incluidos.
Cuatro, cinco, hasta seis horas diarias de esfuerzo, quemando cinco o seis mil calorías al día (tú y yo gastamos dos mil).
No hay medio tiempo. No hay banca. No hay cambios. Si llueve, se corre. Si hacen 38 grados, se corre. Si te caes… te levantas y se corre.
La regla es facil: cada día se suma tu tiempo, y quien acumule menos al llegar a París, gana. Al líder lo visten de amarillo para que todos sepan a quién hay que ganarle.
Al Tour van unos 180 corredores: los mejores del mundo. Punto. O sea que es la Champions, el Súper Bowl y un maratón diario… durante tres semanas seguidas.
Deporte de equipo pero gana uno solo
Ahora, el detalle que nadie de fuera entiende a la primera: es un deporte de equipos, pero gana un solo hombre.
La explicación es física: pedalear detrás de otro te ahorra hasta una tercera parte de la energía. Por eso cada equipo tiene un jefe (su estrella) y gregarios: corredores de clase mundial que su chamba es sacrificarse. Cortarle el viento al líder, marcarle el ritmo y bajar hasta el coche del equipo por las botellas de agua de todos.
En este deporte, antes de brillar, sirves.
Guárdame ese dato: va a hacer sentido más adelante.
El muchacho de Ensenada
Isaac del Toro nació en Ensenada, Baja California, hace 22 años. De adolescente se fue a Europa con un equipo de desarrollo mexicano, a perseguir esto a diez mil kilómetros de su casa.
En 2023, a los 19, ganó el Tour de l’Avenir: el “Tour de Francia de los jóvenes”, la carrera donde se promocionan los futuros campeones. Antes la ganaron Greg LeMond, Miguel Induráin y Egan Bernal… y los tres terminaron ganando el Tour de verdad. Isaac no sólo fue el primer mexicano en conquistarla: arrasó con la general, los puntos, la montaña y la clasificación de jóvenes.
El UAE Team Emirates (el equipo más poderoso del mundo) lo fichó, muchos dicen que es el real Madrid del ciclismo (o el cruz azul de mexico, si lo quieren ver así).
Y en 2025 explotó. En el Giro de Italia (la segunda carrera más importante del planeta) llegó de gregario… y acabo vestido de rosa, que es como visten al líder allá. Primer mexicano en la historia en lograrlo. Defendió el liderato once días, acabó subcampeón y mejor joven, e Italia entera terminó cantándole “Torito”. Cerró el año con 18 victorias, el tercer lugar del ranking mundial y el Premio Nacional del Deporte.
El sitio oficial del Giro hoy lo presenta con dos palabras: “nueva megaestrella”.
Lo que está pasando este mes
Ahora mismo está corriendo su primer Tour de Francia. Y en la etapa 2, en Barcelona, pasó algo que nos enloqueció a todos.
Se le descompuso la bici a 65 kilómetros de la meta. Regresó al grupo, esperó, y atacó en la última subida del último kilómetro. Sólo uno pudo seguirle el paso: su propio jefe, Tadej Pogačar, el mejor ciclista del planeta. Y en los metros finales, el mejor del mundo se frenó. Aflojó a propósito para que el triunfo fuera del muchacho.
Isaac se convirtió en el segundo mexicano en ganar una etapa del Tour en más de un siglo de historia. El anterior fue Raúl Alcalá… hace 36 años.
“Es un momento de éxtasis. La posición en la que me ponen es inmensa”, dijo, emocionado. Nada de “soy el mejor”. Gratitud.
¿Y te acuerdas del dato que te pedí guardar? Días después vino una etapa loquisima: siete montañas y un calor como el de monclova. Isaac iba tercero en la clasificación general… y aun así le tocó la chamba de gregario: bajar por el agua de sus compañeros en pleno momento decisivo. La factura llegó en la última subida: cruzó la cima 10 segundos detrás de los mejores y cayó del tercero al séptimo lugar.
“Si hubiera coronado a 5 segundos en vez de a 10, quizá habría podido volver a entrar y salvar el día”, explicó después, sin queja.
Cinco segundos, cuatro posiciones. Así de fino es el margen entre los mejores del mundo.
Cualquiera se habría conformado con aguantar. Él no.
El domingo, en los Alpes (183.9 kilómetros y una subida final de 11.3 al 9% de pendiente), el Torito se fue al suelo a 20 kilómetros de la meta. Se levantó, alcanzó al grupo de los favoritos… y terminó tercero de la etapa, a 6 segundos del ganador.
Ósea? recuperó de golpe todo lo que había perdido sirviendo. Hoy, a falta de una semana, Isaac del Toro es tercero del Tour de Francia y el mejor joven de la carrera (para eso también hay jersey: el blanco).
Y para dimensionarlo: el mejor Tour de un mexicano en la historia era el octavo lugar de Alcalá en 1990. Isaac está tercero. A los 22 años, en su debut, después de caerse y de cargar el agua. Si lo defiende hasta París, será el primer mexicano de la historia en el podio del Tour de Francia.
¿Y el cómo? importa
Podría contarte de sus piernas, pero lo que enamoró al ciclismo es otra cosa.
Corre al ataque, sin miedo, como los grandes de antes. Sirve sin quejarse. Sonríe en la meta aunque el día haya salido mal. Y por eso el vestidor más ganador del planeta lo arropa: “Los jóvenes como Isaac del Toro son impresionantes; quiero ver cómo se desarrolla su carrera”, dice Pogačar, el mismo que le regaló una meta.
El talento abre puertas. La forma de ser hace que el mejor del mundo se frene para dejarte pasar.
Bajemos esa bola a nuestra cancha
Ya sospechabas que esta columna nunca es sólo de deportes.
El Torito no sabe si ese podio le durará hasta París. Sabe algo que vale más: lleva media vida preparándose para una montaña que todavía no llega. Y en lo que llega, hace lo único que de verdad está en sus manos: servir cuando toca, atacar cuando toca, agradecer siempre… y no soltar el manubrio en las etapas en que nadie aplaude.
Nosotros a veces vivimos al revés: esperando a que la montaña se aplane.
Y no. Los Alpes no se aplanan. Los tuyos tampoco.
Tu montaña ya viene en el camino. Quizá esta semana, quizá en unos años. La pregunta no es si va a llegar…
Es si te va a encontrar listo.
