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19 de marzo de 2026
Opinión

Con-ciencia y sin corbata

Con-ciencia y sin corbata
  • marzo 19, 2026

Por Emiliano Calvert
Made in Saltillo

De niño, en esas platicas de adultos que uno “no está escuchando” … pero claro que está escuchando, había una frase que se repetía mucho:

“Aquí somos muy novedosos… pero se nos pasan rápido las modas.”

En ese momento no la entendía.

La guardé en algún cajón de la memoria (junto con otras frases domingueras) y la dejé ahí años.

Hasta esta semana.

Al despertar vi una noticia que me puso a pensar:

 

Domino’s Pizza, sucursal Venustiano Carranza, cerró.

Y me quedé pensando.

No porque Domino’s sea alta cocina.
Ni porque sea el mejor ejemplo gastronómico del mundo.

Sino porque Domino’s… no acostumbra cerrar.

Es de esas marcas que sobreviven todo: crisis, pandemias, dietas keto, modas veganas.

Y de todos modos, en Saltillo… cerró.

Y ahí se abrió el baúl.

Me acorde que Applebee’s también le intentó.
Le metió tiempo. Le metió esfuerzo.
Y no se quedó.

Recordé que Starbucks, la marca que vende el café más de moda en los últimos años…
también tuvo una sucursal que no sobrevivió.

Y entonces la frase regresó, pero ahora sí con sentido.

Pero antes de ponernos negativos y declarar a Saltillo como el panteón de las franquicias fallidas… vale la pena ver la otra cara.

Porque hay otra historia (de esas que están en libros, pero sí en pláticas de la  gente) que dice que PepsiCo probó aquí los Tostitos Salsa Verde.

Su lógica era:

Si funciona en Saltillo… funciona en México.

Piénsalo un momento.

La misma ciudad que puede hacer que una cadena global no funcione…
también puede validar un producto para todo el país.

Porque Saltillo no es un mercado cualquiera.

Es una ciudad industrial.
Con empleo formal.
Con gente que trabaja duro… y gasta con conciencia.

Aquí el consumidor no compra por impulso.

Compra porque le hace sentido.

El saltillense promedio tiene algo que cualquier comerciante aprende eventualmente:

colmillo.

Sabe comparar.
Sabe esperar.
Sabe cuándo algo vale lo que cuesta… y cuándo no.

Puede ir al centro comercial nuevo…
y al día siguiente al mercadito sin ningún conflicto existencial.

No compra marca.
Compra valor.

Y ahí es donde muchas marcas se equivocan.

Piensan que el logo vende solo.
Que la experiencia ya viene incluida.
Que el nombre es suficiente.

En Saltillo no.

Aquí si prometes mucho y entregas poquito…
te das cuenta rápido.

Muy rápido.

Por eso no es que las modas “se pasen”.

Es que no alcanzan.

No alcanzan el estándar.
No alcanzan la expectativa.
No alcanzan la relación valor-precio.

Y cuando no alcanzan… el mercado te lo hace saber rápido.

Hay algo que me gusta de eso.

Porque en un mundo donde la mayoría de las  ciudades compran moda…
Saltillo piensa si vale la pena.

Aquí no importa si vienes de Nueva York, de Monterrey o de Marte.

Si no convences… no te quedas.

Y eso, más que una debilidad, es una ventaja.

Es un filtro natural.

Un “a ver si es cierto” permanente.

Un examen sin segundo intento.

El niño que escuchaba esa frase en la mesa no la entendía.

Hoy suena diferente.

“Aquí somos muy novedosos… pero se nos pasan rápido las modas.”

No es crítica.

Es diagnóstico.

Porque Saltillo no rechaza lo nuevo.

Lo prueba.

Pero solo se queda con lo que vale la pena.

Y en un país donde muchas veces se confunde novedad con calidad…

tener una ciudad que sí distingue entre las dos…

no es un problema.

Es, literalmente,

una ventaja competitiva hecha en Saltillo.