Con-ciencia y sin corbata
Los que sí estuvieron ahí
Emiliano Calvert
En los últimos días México volvió a vibrar… pero no por fútbol, no por conciertos y no por memes.
Vibró por seguridad.
Y antes que alguien se adelante:
no voy a hablar del personaje.
No voy a entrar en teorías geopolíticas.
No voy a analizar implicaciones internacionales.
Hoy no.
Hoy quiero hablar de los que sí estuvieron ahí.
Porque mientras medio país peleaba en redes, alguien estaba en el terreno.
Mientras nosotros refrescábamos “X”, alguien avanzaba en silencio.
Mientras nosotros opinábamos, alguien ejecutaba.
Y ejecutar bien no es sencillo.
Ese día no hubo margen de error.
Hubo planeación estratégica milimétrica.
Inteligencia previa.
Análisis de riesgo.
Reconocimiento del terreno.
Coordinación interinstitucional.
Logística táctica.
Comunicación precisa.
Control emocional bajo presión real.
No presión de oficina.
Presión de vida o muerte.
Había elementos que sabían que podían no regresar.
Había familias esperando una llamada.
Había hombres y mujeres que llevan años entrenando para un momento que nadie quiere vivir… pero que alguien tiene que enfrentar.
Tiro táctico.
Movimientos coordinados.
Cobertura y aseguramiento.
Evacuación médica.
Perímetros de contención.
Protección de civiles.
Eso no se improvisa.
Eso se entrena.
Eso se repite miles de veces hasta que el cuerpo responde antes que el miedo.
Eso exige disciplina mental, física y moral.
Y eso fue lo que vimos.
Profesionalismo.
No espectáculo.
No improvisación.
No reacción impulsiva.
Planeación.
Disciplina.
Valentía.
Y sí.
Hubo caídos.
Y cuando decimos “caídos” lo hacemos con demasiada facilidad.
Pero cada caído es un nombre.
Es una historia.
Es un hijo.
Es un padre.
Es un hermano.
Es alguien que decidió ponerse el uniforme sabiendo que el riesgo no era simbólico.
Era real.
A ellos no se les paga con aplausos digitales.
Se les honra con memoria.
Se les honra con respeto.
Se les honra entendiendo que su sacrificio no fue una estadística.
Fue servicio.
A los que regresaron tampoco se les recibe con reflectores.
Regresan con adrenalina todavía en la sangre.
Con el cuerpo exhausto.
Con la mente repasando cada segundo.
Y con la responsabilidad de seguir.
Porque su servicio no termina cuando se apagan las cámaras.
En México es fácil polarizar.
Es fácil desconfiar.
Es fácil criticar desde la comodidad.
Lo difícil es reconocer cuando algo se hace bien.
Y lo que vimos fue una operación ejecutada con preparación, coordinación y temple.
Detrás del uniforme hay años de formación táctica avanzada.
Hay resistencia física extrema.
Hay entrenamiento psicológico para tomar decisiones bajo fuego real.
Hay estrategia.
Estrategia aplicada en segundos.
Hoy esta nota no es para discutir.
Es para agradecer.
Que esta columna no sea solo lectura.
Que sea estandarte.
Estandarte de todos los soldados mexicanos que salen de su casa sin saber cómo regresarán.
Que sea memoria para los caídos.
Que sea respeto para quienes siguen firmes.
Que sea reconocimiento para quienes entienden que la patria no es un discurso.
Es responsabilidad.
México no es perfecto.
Pero México tampoco está solo.
Tiene hombres y mujeres dispuestos a ponerse al frente cuando otros retroceden.
Y mientras eso sea verdad,
mientras haya quien avance en silencio cuando el país lo necesita,
mientras haya quien esté dispuesto a arriesgarlo todo por todos,
México podrá debatirse.
México podrá dividirse.
México podrá equivocarse.
Pero no estará indefenso.
Porque los que sí estuvieron ahí
no solo cumplieron una misión.
Sostuvieron el nombre de México con el pecho al frente,
con el pulso firme
y con la convicción que servir es más grande que uno mismo.
