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30 de abril de 2026
Opinión

Camino a Valinor

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  • abril 30, 2026

Día del Niño

José Inocencio Aguirre Willars

¡Hola! Muy buenos días, tardes o noches, dependiendo la hora en que me lean.

Cada 30 de abril llenamos escuelas, plazas y hogares de globos, dulces, festivales y sonrisas. Celebramos a la niñez como debe ser: con alegría. Pero conviene hacernos una pregunta incómoda y necesaria: más allá de un regalo, ¿qué país les estamos entregando?

Los niños escuchan poco los discursos, pero observan todo. Aprenden menos de lo que les decimos y mucho más de lo que hacemos. Ven cómo tratamos a los demás, cómo resolvemos los conflictos, cómo hablamos en casa, cómo respetamos, o ignoramos, las reglas. Miran si cumplimos nuestra palabra, si trabajamos con honestidad, si actuamos con empatía o con egoísmo.

La infancia aprende por imitación. Por eso el ejemplo vale más que cualquier sermón.

De poco sirve hablarles de respeto si viven rodeados de insultos. Sirve poco pedirles esfuerzo si crecen viendo la cultura del atajo. Es difícil pedirles amor por su comunidad si los adultos hemos normalizado el abandono de lo público. Y es injusto pedirles esperanza cuando lo que les mostramos es resignación.

Un país no se construye únicamente con carreteras, edificios o cifras económicas. También se construye con niños que crecen seguros, bien alimentados, educados, escuchados y acompañados. Con espacios para jugar, aprender, leer, hacer deporte, crear arte y soñar. Con adultos que entienden que formar a una niña o a un niño no es tarea exclusiva de la escuela, sino responsabilidad compartida de familia y sociedad.

El futuro no llega de golpe un día cualquiera. El futuro hoy está sentado en un salón de clases, jugando en una cancha, leyendo un cuento o haciendo preguntas en la mesa de la casa.

Por eso, este Día del Niño no sólo felicitemos a la infancia. Honrémosla siendo mejores adultos. Porque algún día ellos gobernarán ciudades, levantarán empresas, curarán enfermos, enseñarán en aulas o sostendrán familias. Y entonces actuarán, en buena medida, como nos vieron actuar a nosotros.

El mejor regalo para un niño no siempre cabe en una caja. A veces se llama tiempo. A veces ejemplo. A veces amor. Y muchas veces, oportunidades.

Saludos a todas y a todos y por aquí nos vemos la próxima semana.