Camino a Valinor
Fernando, los Hoosiers y el sueño
Por José Inocencio Aguirre Willars
¡Hola! Muy buenos días, tardes o noches, dependiendo la hora en que me lean.
Este lunes fuimos testigos de la culminación de una historia que, durante décadas, nadie creyó posible. Los Indiana Hoosiers levantaron un campeonato colegial que parecía reservado solo para otros. Para los poderosos. Para los de siempre. Para esos programas a los que la historia suele tratar como realeza.
Indiana no es uno de ellos. Es un programa que aprendió a convivir con la derrota, con temporadas discretas y con expectativas bajas. Por eso su victoria no se explica solo desde el marcador, sino desde una decisión mucho más profunda: negarse a aceptar que el pasado define el futuro.
Ese mismo espíritu se refleja, como en un espejo, en la historia de Fernando Mendoza. Mendoza inició su camino en la Universidad de California, lejos de los reflectores y sin la etiqueta de promesa inmediata. Ahí aprendió a esperar, a competir por cada oportunidad y a crecer desde la paciencia. Con trabajo y liderazgo, pasó de ser una opción secundaria para convertirse en titular, demostrando que el progreso real rara vez es acelerado.
Más adelante, su carrera lo llevó a Indiana, donde encontró algo más que un cambio de programa: encontró una segunda oportunidad. Llegó a un equipo con historia adversa, a un entorno que entendía bien lo que significa empezar desde abajo. Su desarrollo no fue explosivo, fue constante. Mejoró en lectura, toma de decisiones y carácter, asumiendo el rol de quarterback como lo que es: una responsabilidad colectiva, no individual.
Fuera del campo, Mendoza ha hablado con naturalidad de la importancia de su familia y de mantenerse centrado. Su herencia latina no aparece como discurso, sino como identidad: respeto, disciplina, humildad y una ética de trabajo silenciosa, pero firme.
Indiana y Mendoza no solo coinciden en el uniforme final, coinciden en el fondo de la historia: nadie les regaló nada. Ambos entendieron que el pasado no es una condena y que insistir, incluso cuando no parece suficiente, también construye campeones. Hoy, los Hoosiers son campeones nacionales por primera vez en más de 100 años de historia de este programa y Fernando es el jugador más valioso de su generación y el prospecto número una en la NFL.
Porque hay victorias que no nacen del talento, sino de la terquedad de no rendirse.
Saludos a todas y a todos y por aquí nos vemos la próxima semana.
