Camino a Valinor
México sabe a casa
José Inocencio Aguirre Willars
¡Hola! Muy buenos días, tardes o noches…
Todos los sábados de mi niñez comíamos en casa de mi abuela. Nos reuníamos alrededor de una mesa redonda, muy grande, donde compartíamos una tortilla de harina y una buena salsa molcajeteada los abuelos, los primos y el resto de la familia. De aquellas comidas recuerdo especialmente sus frijoles charros. Los preparaba muy bien y eran de mis favoritos. Hoy, al recordarlos, vuelvo también a esa mesa y a la alegría de estar juntos.
Pensé en aquellos sábados al conocer que Travel And Tour World colocó a México en el primer lugar de su clasificación editorial de los mejores destinos gastronómicos para 2026. Me llamó la atención que, junto con la alta cocina, considerara la diversidad regional, los ingredientes locales, las tradiciones y la comida callejera.
Me parece un buen punto de partida para reconocer algo que vivimos diariamente. Buena parte de nuestra riqueza gastronómica se cocina en los hogares, en los mercados y en los puestos más humildes. Ahí, donde alguien prepara la comida pensando en quienes van a disfrutarla.
Mi abuela, como tantas abuelas mexicanas, hacía mucho más que preparar un buen guiso. Nos convocaba. Aquella mesa era un lugar de encuentro entre generaciones, de conversaciones y recuerdos que entonces parecían cotidianos y que hoy tienen un valor enorme. Sus frijoles charros forman parte de mi memoria porque su sabor está unido a las personas con quienes los compartí.
Creo que esa es una de las cosas más entrañables de nuestra relación con la comida: la manera en que la convertimos en cuidado. Guardamos un plato para quien llega tarde, preparamos lo que le gusta a alguien que nos visita y encontramos cómo hacer rendir el guiso cuando aparece un invitado más.
Compartir la mesa es una costumbre de muchos pueblos. En México tiene expresiones que sentimos muy nuestras: “Donde comen dos, comen tres”, “pásale, ya vamos a comer” o “te puse un poquito para llevar”. Cada una hace lugar para alguien más.
Esa hospitalidad también vive en quienes trabajan todos los días para alimentarnos: cocineras, productores y vendedores que conservan sabores y saberes. Celebrar nuestra gastronomía significa reconocerlos, y valorar las recetas que siguen pasando de una generación a otra.
Hoy, uno de mis momentos favoritos es ponerme frente al asador y preparar carne asada para compartir con mi familia, mis amigos y la gente que más quiero. Disfruto cocinar para ellos y tener una razón para reunirnos.
Quizá, sin haberlo pensado demasiado, sigo buscando algo de aquellos sábados en casa de mi abuela: el gusto de estar juntos alrededor de la comida.
México sabe a casa. Para mí, ese sabor comienza con unos frijoles charros y continúa cada vez que enciendo el asador para compartir.
Saludos a todas y a todos…
