A la báscula
Las prisas de la presidenta
Julián Parra Ibarra
Pareciera que de pronto a la presidenta de México le empezaron a ganar las prisas, como que de repente se dio cuenta que el tiempo se le venía encima para poder concretar la Reforma Electoral que pretende imponer, y que como está hecha a las prisas, en el primer intento le fue rechazada en la Cámara de Diputados, y a como están haciendo las cosas, no dude usted ni tantito que su plan B también sea rechazado por el legislativo.
Ya lo hemos comentado usted y yo en este mismo espacio, a la usanza de Vicente Fox que acuñó aquella frase de que el presidente propone y el congreso dispone.
A Claudia Sheinbaum como que de pronto le ‘sonó la campanita’ que debía concretar su reforma antes de la elección del año entrante, porque corre el riesgo de perder las mayorías que tiene actualmente en las dos cámaras, como le ocurrió a su antecesor, que, al perder la mayoría en su intermedia del 2021, se le terminó haciendo bolas el engrudo con sus propuestas A, B y C y ya no logró hacer los cambios constitucionales que pretendía.
Ella iba con toda calma porque, al final de cuentas, la elección para renovar el congreso es hasta el año entrante. Sí, pero alguien le dijo que el proceso empieza en septiembre de 2026, y la ley es muy clara en su artículo 105 al señalar que cualquier reforma en materia electoral debe promulgarse y publicarse al menos 90 días antes del inicio del proceso, por lo que cualquier modificación en la materia deberá darse a más tardar la primera semana de junio.
Puesto así de claro sobre la mesa, el tiempo del que disponen ahora primero la Cámara de Senadores, ratificada en la de Diputados, y al ser Reforma Constitucional, deberá pasar por los congresos estatales, hasta que logre el aval de al menos 17 de ellos -porque sería la mitad más uno, que es lo que marca la ley-, y el tiempo que disponen es de dos meses y medio, es decir, la mitad de marzo, todo abril y todo mayo.
Por eso son las prisas de la presidente, pero cuando las cosas se hacen sobre las rodillas, los resultados suelen ser fatales. Si en esos dos meses y medio sus operadores políticos no hilan fino con aliados y opositores para alcanzar los votos necesarios, la posibilidad de volver a un Plan C deberá ser hasta que pasen las elecciones del 2007, y si en éstas el morenismo pierde la mayoría con que cuenta –construida, por cierto, de manera artificial-, que la presidenta se vaya olvidando de reformas constitucionales en la materia que sea.
Por eso las prisas de la presidenta. Por eso los apuros. Por eso los apremios.
X= @JulianParraIba
