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25 de febrero de 2026
Opinión

A la báscula

A la báscula
  • febrero 25, 2026

Historias de capos

Julián Parra Ibarra

Siempre que se ha registrado la muerte de algunos de los grandes capos, de los que nuestro país ha sido generoso productor, se tejen una y cientos de historias, muchas de las cuales a pesar de saberse que no son ciertas, suele ser apasionante leerlas o escucharlas.

Por ejemplo, cuando murió Amado Carrillo Fuentes ‘El Señor de los cielos’ – quien durante periodos intermitentes radicaba en La Laguna-, se dijo que no había muerto por la cirugía estética a la que se había sometido para tratar de cambiar su rostro y despistar a las autoridades.

La leyenda dijo entonces que no había muerto, que de manera intencionada lo habían asesinado los médicos que intervinieron en la cirugía, lo que se reforzó porque unos cuatro meses después de ésta, aparecieron ‘entambados’ los cuerpos del otorrinolaringólogo Jaime Godoy, así como de los cirujanos plásticos Carlos Ávila y Ricardo Reyes, este último, colombiano. Otros dos médicos más murieron y uno más resultó desaparecido.

Cuando cayó en un lujoso complejo de apartamentos de Cuernavaca ‘El Barbas’ Arturo Beltrán Leyva en un enfrentamiento con la Armada de México tras resistirse a su detención, se generó una gran polémica porque los militares que participaron en el operativo colocaron billetes sobre su ensangrentado e inerte cuerpo y las hicieron públicas.

Con el abatimiento del Mencho ya se han empezado a escribir y a tejer muchas y diferentes historias. Muchos cuestionan por qué si iba herido de gravedad lo trasladaban a la CDMX, aunque la respuesta es bien simple: si sin el cuerpo del Mencho se incendió todo el occidente mexicano, no hay que ser genios para imaginar lo que hubiera pasado si lo llevan a un hospital de Guadalajara.

Otros dicen que lo dejaron morir, porque si hubiera sobrevivido, habría sido deportado a los Estados Unidos, y con la ‘sopa’ que soltara habría comprometido a empresarios, políticos y gobernantes del más alto nivel en nuestro país, quienes tras su muerte han respirado.

Lo que sí es que las Fuerzas Armadas Mexicanas abatieron a uno de los capos más violentos, sanguinarios e insensibles de todos cuantos ha generado nuestro país, y quien todavía en el último momento, dejó una estela de dolor y muerte de al menos un cuarto de centenar de elementos de la Guardia Nacional y el Ejército que cayeron, ellos sí, en el cumplimiento de su deber.

X= @JulianParraIba