Hubris: cuándo creerse Icarus no es solo presunción

Por Emiliano Calvert

Subir en liderazgo sin freno puede ser como volar muy cerca del sol. No porque el sol queme, sino porque la arrogancia te hace olvidar que las alas se derriten. Bienvenido al fascinante y peligroso mundo del síndrome de hubris.

  1. ¿Qué demonios es eso del hubris?

El término viene del griego antiguo y es la mezcla letal de orgullo desmedido y sobreconfianza, con un ligero toque de desprecio por todo lo que no sea tu genio. Es esa “ceguera de éxito” que hace creer a alguien que es invencible.

David Owen, exsecretario británico de exteriores, lo estudió como un trastorno adquirido en líderes poderosos: impulsividad, desprecio por el consejo ajeno y pérdida de contacto con la realidad. Lo documentó en presidencias y primeros ministros británicos y estadounidenses.

Ojo, no es narcisismo clínico, es algo que ocurre después de cierto poder prolongado. El talento y la paranoia por el control pueden terminar convirtiéndose en autoengaño masivo.

  1. Personas vs. Equipos: hubris individual y grupal

Ese group hubris es como un pozo rápido: te atrapa en silencio, y cuando notas que estás dentro, ya te tragó el suelo.

  1. Casos reales (donde todos cerraron vista)
  1. ¿Se puede evitar el hubris?

Yes, pero necesitas humildad:

 

  1. Hubris en grupo: cuando todos creen ganar

Aquí entra el groupthink: la homogeneidad mental lleva al “sí, jefe”, al “mejor no decir nada” y a ignorar datos fríos. El grupo se cree infalible… y se va al pozo.

¿Solución? Establecer roles específicos como el abogado del diablo y fomentar diversidad de criterio, invitando expertos de fuera o haciendo consultas sin filtro. Nunca más “decidimos porque sí”.

Resumen brutal (sin caretas)

Realidad incómoda La verdadera lección
El éxito es el mejor acondicionador… del ego Checa tu ego antes de que el ego te chequee un día
Volar alto + sin autocrítica = caída segura Necesitas al menos dos frenos: debate sincero y humildad
El equipo también puede drogarse con su orgullo El groupthink es un club sin salida; romperlo salva

En fin…

Si hoy te sientes imparable, cuidado: puede que no seas “visionario”, solo estés entrando en modo hubris on fire. Y ojo, el hubris no se detecta en tu foto de LinkedIn con los brazos cruzados, se detecta cuando ya nadie se atreve a decirte “oye, compa, la estás regando”.

La cura no es mística: es tener a alguien que te baje del pedestal con un “relájate, campeón” antes de que la caída sea impactante. Porque sí, volar alto está bien… siempre y cuando no termines como Ícaro versión corporativa: derretido, chamuscado y con tu ego en remate de segunda mano.