El niño que fuimos Luis Guillermo Hernández Aranda

Infancia es destino, sentencia un conocido refrán. Sin duda todos quedamos marcados por nuestra niñez. ¿Qué recuerda usted de la suya? Habrá recuerdos felices, seguramente también tristes, pero la mayoría añoramos esos días. En los últimos años Alma Delia Murillo se ha convertido en una de mis escritoras favoritas. Recientemente leí su novela: “El niño que fuimos”, donde nos cuenta la historia de tres niños que se hacen los mejores amigos en un internado en la Ciudad de México. Óscar, María y Román, son los protagonistas de esta historia ambientada en los años 80, donde su amistad los protege de la soledad, de los peligros de la vida que enfrentan los infantes en orfandad. Esa amistad es su principal herramienta para transformar su vida cuando son adultos. “Sobrevivir es gozoso; lo haces con unos lados luminosos y otros que cuando te asomas de adulto, abajo de la cama quedan algunos monstruos”, aseguró en una entrevista a la agencia de noticias Efe la autora. Muchas veces, cuando somos adultos, olvidamos que nuestras experiencias de pequeños pueden influir en nuestra manera de pensar, actuar y relacionarnos con los demás. Sin embargo, recordar nuestra infancia también nos permite comprender mejor quiénes somos. Alma Delia creció en un internado, de ahí que la novela sea por demás auténtica y realista. “Crecer con otros te deja mucho y esas historias están inspiradas en cosas que oí, vi, supe. Fui al internado de mi niñez. Recordaba aquel lugar con la magia de mis siete u ocho años y fue tremendo lo que la memoria trajo a la realidad. Entonces decidí inventar una historia”, comentó la escritora a EFE. Nacida en Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México, en 1979, Alma Delia Murillo estudió Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Y antes de dedicarse a la literatura trabajó varios años en un corporativo, el clásico trabajo de “godín”. “El niño que fuimos” como otras novelas de Alma Delia Murillo tiene como principal característica que su narrativa es crítica a la sociedad que vivimos, pero sus historias son muy humanas y es imposible no identificarse con ellas. La lectura de “El niño que fuimos” nos permitirá ser más empáticos no sólo con los niños en situación precaria, sino también con los adultos que nos rodean porque todos tenemos una historia que merece ser escuchada, pero sobre todo comprendida.

@lharanda