Coahuila registra un índice de analfabetismo de 1.3 por ciento, equivalente a cerca de 30 mil personas de 15 años y más que no saben leer ni escribir, informó Jaime Bueno Zertuche, director estatal del Instituto Estatal de Educación para los Adultos (IEEA). Explicó que los resultados colocan a la entidad entre los estados con menores niveles de analfabetismo y Coahuila busca mantenerse en el tercer lugar nacional en el combate al rezago educativo, que comprende el analfabetismo y la falta de conclusión de los estudios de primaria y secundaria.
Destacó que el estado ocupa el primer lugar nacional en la atención al rezago de primaria, mientras que la secundaria representa una de las principales áreas de oportunidad. Señaló que aunque la entidad logró ubicarse por debajo del cuatro por ciento de analfabetismo, umbral que la UNESCO utiliza como referencia para considerar superada esta condición, el objetivo es continuar reduciendo el indicador y ampliar las oportunidades educativas para la población.
En cuanto a la distribución de las personas que no saben leer ni escribir, explicó que Saltillo y Torreón concentran las cifras más importantes en términos absolutos, debido a su población. En la región fronteriza, particularmente en Acuña y Piedras Negras, también se presenta este fenómeno entre personas procedentes de otros países, principalmente de Guatemala, Honduras y El Salvador.
Añadió que al analizar los porcentajes municipales, Guerrero y Candela destacan por presentar los índices más elevados de analfabetismo, por lo que se han concentrado esfuerzos para atender a sus habitantes y reducir la proporción de personas que no cuentan con habilidades básicas de lectura y escritura.
Expresó que el analfabetismo no afecta únicamente a los adultos mayores, como ocurría con mayor frecuencia en años anteriores, ya que ctualmente, el instituto atiende en proporciones similares a personas de entre 15 y 59 años y a quienes tienen 60 años o más, situación que refleja la presencia de jóvenes y adultos que buscan retomar sus estudios después de haberlos interrumpido.
Entre las causas del rezago educativo mencionó la incorporación temprana al trabajo, las responsabilidades familiares y las circunstancias que impidieron a muchas personas continuar su formación académica. En algunos casos señaló, quienes aprendieron un oficio consideraron que no necesitaban desarrollar mayores habilidades de lectura y escritura para realizar sus actividades cotidianas.
Sin embargo, destacó que aprender a leer y escribir representa un cambio significativo en la vida de los beneficiarios, pues les permite realizar actividades por cuenta propia, leer mensajes de sus familiares, comprender recetas y desenvolverse con mayor independencia. Esta experiencia también motiva a muchos a continuar con la primaria y posteriormente cursar la secundaria e incluso la preparatoria.