Dicen que a un vaquero se le reconoce desde lejos. Basta observar la forma en que lleva el sombrero, el corte de sus pantalones, el cinturón que ajusta su cintura y las botas que acompañan cada uno de sus pasos. Pero detrás de esa imagen, que hoy conquista pasarelas, escenarios y arenas de rodeo, existe una historia que comenzó mucho antes de que la vestimenta vaquera se convirtiera en moda. En Saltillo, una ciudad que ha hecho de la cultura vaquera parte de su identidad, esa tradición volverá a cobrar protagonismo del 15 al 18 de octubre, cuando se celebre una nueva edición del Rodeo Saltillo 2026, una fiesta que reúne música, gastronomía, competencias y el orgullo por las raíces norteñas. Para conocer lo que realmente significa vestir como vaquero, conversamos con Mauricio Valdés Pazos, sombrerero originario de Saltillo, quien asegura que cada elemento de esta indumentaria nació de una necesidad y no simplemente del deseo de lucir bien. “Yo creo que la vestimenta del vaquero viene más bien por las actividades que se realizaban en el campo en aquellos años. Ahorita, pues, ya hay modas, han cambiado las formas de los sombreros, los estilos, los accesorios, pero todo esto viene de lo mismo, que son las actividades del campo”, explicó. El sombrero: la corona del vaquero Si existe una prenda capaz de identificar al vaquero, es el sombrero. De palma, paja, papel de arroz o lana, su forma, material y estilo cuentan mucho sobre quien lo utiliza. Para Mauricio, el sombrero no solo completa la vestimenta: representa una de las principales herramientas de protección para quienes trabajan a la intemperie. “Yo creo que algo que distingue muy bien a un vaquero es el sombrero”, expresó. Los sombreros ligeros y ventilados son ideales para quienes pasan largas horas bajo el sol, mientras que las tradicionales tejanas de lana, elaboradas con materiales como pelo de conejo o castor, suelen asociarse con temporadas más frescas. Sin embargo, Saltillo tiene una particularidad: sus días pueden ser cálidos y sus noches frescas, lo que permite que ambos estilos formen parte de la vestimenta cotidiana. Camisa de manga larga: mucho más que elegancia Aunque las camisas vaqueras han evolucionado en colores, bordados, broches y cortes, su origen también está relacionado con la protección del trabajador. Mauricio explica que las mangas largas ayudan a proteger los brazos de los rayos solares, pero también de las ramas, espinas y vegetación que encuentran quienes recorren ranchos y veredas. “Lo ideal para el campo, para una jornada de trabajo, pues es una camisa de manga larga, bien abotonada, que cubra del sol”, detalló. Incluso el cuello de la camisa tiene una función importante, pues puede ayudar a proteger la piel cuando el vaquero se inclina y el sombrero deja descubierta parte de su cuello. Mezclilla resistente y botas que no se esconden En el mundo vaquero, no todos los pantalones son iguales. Mientras algunos están diseñados para lucirse en reuniones o eventos, otros deben soportar jornadas de trabajo entre animales, tierra y vegetación. Para las labores del campo, Mauricio recomienda mezclilla gruesa y resistente, aunque reconoce que actualmente existen materiales más flexibles y ligeros. Pero hay un detalle que, desde su perspectiva, nunca debería perderse: el pantalón debe tener suficiente amplitud en la parte inferior para cubrir adecuadamente la caña de las botas. “Siempre cuando se usan botas, pues lo ideal es que estén abiertos de la parte de abajo para que el tubo de la bota no se marque con la mezclilla”, explicó. Y es que, aunque las modas cambien, el corte vaquero conserva características que lo distinguen. El cinturón, las chaparreras y los accesorios que cuentan historias Para muchos, el cinturón es simplemente un complemento de la vestimenta. Para el vaquero, también puede servir como soporte y como un espacio para llevar herramientas de uso cotidiano. Mauricio destaca además las diferencias entre el estilo charro y el vaquero, particularmente en los cinturones. Mientras que el cinto piteado tiene una fuerte presencia en la tradición charra mexicana, los diseños labrados o cincelados forman parte de la estética vaquera que describe el especialista. Las chaparreras y polainas, por su parte, cumplen una función de protección frente al roce con ramas, espinas y otros riesgos del terreno. Los guantes de piel protegen las manos durante las labores de monta y manejo de animales, mientras que el paliacate puede utilizarse para protegerse del sol, limpiarse el rostro o atender distintas necesidades durante el trabajo. Son accesorios que, antes de convertirse en elementos vistosos, tuvieron una utilidad concreta. Las botas: compañeras de cada jornada De punta redonda, francesa, ovalada o cuadrada, las botas también han evolucionado con el paso de los años. Sin embargo, para Mauricio, la piel continúa siendo uno de los materiales más apropiados para el trabajo en el campo, debido a su resistencia. “Lo ideal, pues, es la bota de piel, que es lo más resistente, igual para el campo, para la protección, para todo”, afirmó. El sombrerero señala que la elección del tacón, la suela y la punta debe responder principalmente a la actividad que se realizará y a la comodidad de quien las utiliza. No es lo mismo caminar durante horas por un rancho que asistir a un concierto o participar en una competencia de rodeo. ¿Vaquero de verdad o solamente de apariencia? Entre risas y observaciones que ha acumulado durante su experiencia, Mauricio reconoce que hay detalles capaces de delatar a quienes apenas comienzan a familiarizarse con la vestimenta vaquera. Un sombrero colocado al revés, pantalones demasiado ajustados que dejan marcada la caña de las botas o una combinación de prendas de distintos estilos pueden llamar la atención de quienes conocen esta tradición. Sin embargo, también reconoce que actualmente ser vaquero no significa necesariamente trabajar todos los días en un rancho. Las competencias de lazo, la monta de toros y las carreras de barriles han permitido que nuevas generaciones se acerquen a esta cultura desde el deporte. “Ya ahorita hay vaqueros que no necesariamente están en el campo, pero practican rodeo, suertes de rodeo, lazos, monta de toro, barriles en el caso de las mujeres”, comentó. Y es precisamente en esa evolución donde la tradición encuentra nuevas formas de mantenerse viva. Saltillo, una ciudad que lleva el rodeo en su identidad Con la llegada del Rodeo Saltillo 2026, las botas volverán a levantar polvo, los sombreros ocuparán las tribunas y la música acompañará una celebración que va más allá del espectáculo. La fiesta representa también una oportunidad para reconocer a quienes mantienen vivas las tradiciones del campo y a los artesanos, comerciantes y especialistas que conocen la historia detrás de cada prenda. Porque en la llamada ciudad más vaquera de México, la vestimenta no solo se presume: también se conoce, se respeta y se transmite. Mauricio Valdés Pazos lo resume al recomendar que cada persona conozca las características de las prendas antes de elegirlas. “Siempre fíjate en tu vestimenta, que sea la camisa adecuada, el cinto vaquero, las botas adecuadas, dependiendo para lo que quieras ir”, aconsejó. Y así, entre sombreros de palma, camisas de manga larga, cinturones de piel y botas marcadas por el camino, Saltillo se prepara para recibir una nueva edición de su fiesta vaquera. Porque las modas pueden cambiar, pero las raíces del vaquero siguen pisando fuerte.