Más allá de la renuncia de Taddei Israel Mendoza Pérez @imendozape

La defenestración de Guadalupe Taddei, de la presidencia del Instituto Nacional Electoral, es apenas la punta del hilo en la trama de intereses por conflicto de intereses entre funcionarios y proveedores la cual asciende a 200 millones de pesos. Pero no es suficiente con su salida. Eso es lo mediático y le da un aire de superioridad moral a Morena en la lucha contra la opacidad y el derroche. Sin embargo, Taddei es la cara del funcionario que dejó de ser útil. Pero en la dermis del INE, el Órgano Interno de Control, encabezado por Víctor Hugo Carvente Contreras es donde se cocinaron los contratos y se conoció la trayectoria de las investigaciones existentes. Es el punto neurálgico para la indagatoria. En este entramado, la concentración de facultades en manos de Taddei convirtió al Órgano Interno de Control en un apéndice del área de recursos humanos, su trabajo fiscalizador se redujo y quedó en una oficina de sanciones burocráticas con pocos dientes y muchos conflictos. Citar a comparecer a Carvente Contreras, en la Cámara de Diputados, ante la Comisión de Vigilancia para que se conozcan todas las investigaciones en curso. Y con la Junta de Coordinación Política comparecerá por si hubiera actuaciones que no puedan declararse de manera pública, sólo le dan espacio para poner en marcha la operación “Taddei Responsable”. Es decir, el equipo de Carvente Contreras entra en modo alerta y comienza justificar y dirigir todas las anomalías detectadas hacia la oficina que ocupó Taddei. Es la supervivencia en momentos en que inició una investigación y los legisladores piden cuentas de lo que se convirtió en uno de los episodios más vergonzosos para el INE en tiempos de la cuatroté. A un mes del arranque del proceso electoral 2026-2027, el escándalo que envolvió a Guadalupe Taddei y resuelto a través de la guillotina no resuelve el daño a la institución y a los métodos de fiscalización que en este momento se encuentran en entredicho. No hay justificación por parte de Víctor Hugo Carvente Contreras sobre los hallazgos de la Auditoría Superior de la Federación (ASF). Cualquier argumento es insuficiente, ya que el caso del contratista José Alfredo Hernández Casillas no es nuevo es una operación que lleva años y en la que el Órgano Interno de Control no tuvo el cuidado necesario. Carevente fue designado en el cargo de titular del OIC desde diciembre de 2024 se encuentra en una situación compleja, debido a que su actuación durante el periodo de irregularidades señaladas por la ASF entra como parte del escrutinio para garantizar que el control interno no se convierta en un escudo de impunidad. Sin embargo, el escándalo no se cierra con la renuncia y una comparecencia, hay otros involucrados en esta componenda, como Carlos Daniel Luna Rosas, jefe de la oficina de la consejera presidenta, como uno de los integrantes del círculo cercano y conocedor de quién tenía derecho de picaporte; así como Osvaldo Antonio Acuña Serrano, director de Recursos Financieros cuya área es sensible a la investigación y llegar al fondo de la investigación y cambios necesarios en la estructura del INE.