El vivir con tartamudez, implica enfrentar un entorno de discriminación a nivel social y laboral, donde el individuo con este trastorno del habla tiende a desarrollar dificultades a nivel emocional y psicológico, independientemente de que la dificultad para comunicarse no afecta su inteligencia ni su potencial cognitivo, manifestó Alfredo González, director la de Fundación Boys Up.

En las distintas etapas de la vida, agregó, el rechazo pesa en el ánimo de la persona con tartamudez, desde el propio autoconcepto; en el desarrollo de la personalidad, así como en el ámbito profesional.

"Estamos condicionados por factores y eventos traumáticos, como que nos han rechazado, que nos han apuntado, que nos han calificado mal".

"Entonces, vamos desarrollando una personalidad social condicionada y esto nos va afectando en las decisiones que vamos construyendo del día a día", externó.

El entrevistado mencionó que la tartamudez afecta al 1 por ciento de la población mundial y se calcula que del 5 por ciento de los niños que comienzan a hablar, en un lapso de entre 4 y 6 años presentarán una desfluidez, disfemia o una tartamudez primaria; y una porción de estos últimos desarrollará afectación de tipo emocional, además de ser una condición que se presenta más en hombres que en mujeres.

Alfredo González mencionó que en su caso personal, comenzó a tartamudear a los seis años y aunque en su vida adulta ha logrado controlar esta característica, admitió que hay momentos del día en los que esto puede darse con fluctuaciones.

La tartamudez no tiene una "cura" como tal, pero existen terapias de grupos de apoyo; la práctica de diferentes técnicas para fortalecer la capacidad de fluidez en el habla; acompañamiento emocional y espiritual, atención que de forma integral se brinda en Fundación Boys Up, con oficinas en Río Grijalva, número 1032. Mayores informes en el teléfono 8711 31 86 36.