Brasil y el valor de la alternancia JOSÉ INOCENCIO AGUIRRE WILLARS
Cumplir las promesas y aprender de los relevos para seguir avanzando ¡Hola! Muy buenos días, tardes o noches, dependiendo la hora en que me lean. Las promesas elevan las expectativas con las que después será juzgado un gobierno. Quien ofrece transformar un país acepta una medida exigente para evaluar sus resultados. Con el tiempo, la comparación entre lo anunciado y lo vivido puede pesar tanto como la identidad partidista. Ahí comienza una pregunta que hoy recorre nuestra región: ¿cómo convertir el desencanto en una oportunidad para gobernar mejor? Brasil ofrece un punto de partida. En la primera vuelta presidencial, Flávio Bolsonaro obtuvo 47.03% de los votos frente al 45.16% de Luiz Inácio Lula da Silva, según el reporte del Tribunal Superior Electoral con prácticamente todo el escrutinio concluido. La elección sigue abierta. La ventaja del candidato de derecha obliga a examinar el desgaste del gobierno, aunque por sí sola no permite explicar las razones de cada voto. Atribuir el resultado únicamente a promesas incumplidas dejaría fuera parte de la realidad. Brasil salió del Mapa del Hambre en 2025 y se mantuvo fuera en 2026. Es un avance relevante, que tampoco significa que hayan desaparecido las carencias alimentarias. Reconocerlo permite formular una pregunta más útil: ¿por qué los resultados en un ámbito pueden ser insuficientes para renovar la confianza en el conjunto de un gobierno? Un ciudadano puede valorar un apoyo social y seguir preocupado por su seguridad. Puede reconocer una mejora y considerar que todavía está lejos de lo esperado. En Brasil, el crimen organizado ha ocupado un lugar importante en la contienda. La evaluación política reúne experiencias distintas: la situación económica del hogar, la tranquilidad del barrio y la confianza en quienes toman decisiones. La distancia entre expectativas y resultados ayuda a interpretar el escenario latinoamericano. También importa la percepción que un gobierno, al ejercer el poder, se aleja de la forma de gobernar que ofreció. Cuando esa impresión se instala, explicar los logros puede dejar de ser suficiente: hace falta escuchar, reconocer pendientes y demostrar capacidad de corregir. El avance de las derechas merece analizarse desde esa complejidad. En un estudio de 2021, los politólogos Juan Pablo Luna y Cristóbal Rovira Kaltwasser plantearon que parte del giro regional respondía al castigo a los oficialismos, más que a una transformación ideológica permanente. Es un marco útil para examinar el presente, siempre que cada elección se estudie con sus propias condiciones. El descontento, las convicciones y la credibilidad de las alternativas pueden actuar al mismo tiempo. Por eso el péndulo no se mueve de manera automática. Una oposición puede señalar errores durante años y seguir sin convencer que gobernaría mejor. Para convertir el malestar en respaldo necesita propuestas realizables, equipos preparados y coherencia entre lo que exige y lo que practica. Quien llega al poder queda sujeto a la misma evaluación que abrió paso a su triunfo. La alternancia tiene valor porque permite renovar equipos, revisar decisiones y abrir espacio a otras propuestas. La posibilidad real de perder el poder recuerda a los gobernantes que su mandato es temporal y debe responder ante la sociedad. Esa competencia puede crear incentivos para escuchar y mejorar incluso antes que ocurra un relevo. Cambiar de partido, por sí solo, no garantiza progreso. El avance requiere instituciones sólidas, información pública y criterios para evaluar políticas. Un gobierno entrante puede conservar los programas que funcionan, corregir sus limitaciones y sustituir los que no cumplen su propósito. Lo conseguido con recursos públicos pertenece a la sociedad y merece ser evaluado por sus resultados. México debe entrar en esta reflexión con sus diferencias. Claudia Sheinbaum registró 70% de aprobación en septiembre, según El Financiero. Ese respaldo impide trasladar mecánicamente el escenario brasileño a nuestro país, pero tampoco es el único parámetro a tomar en cuenta. La oportunidad consiste en traducir las grandes promesas en compromisos verificables: qué mejorará en seguridad, salud y bienestar; en cuánto tiempo; y cómo podrá comprobarlo la población. Reconocer dificultades y explicar las correcciones también forma parte de una responsabilidad democrática. Para la oposición, el desafío es ofrecer una alternativa que merezca confianza por su capacidad de resolver. América Latina puede hacer de la alternancia un proceso de aprendizaje. La ciudadanía tiene derecho a respaldar la continuidad o elegir un relevo mediante una decisión libre e informada. El horizonte para México debería ser que cada gobierno deje un mejor punto de partida y que cada elección abra oportunidades para seguir construyendo. Las promesas movilizan la esperanza; cumplir, escuchar y corregir permite convertirla en confianza duradera. Saludos a todas y a todos y por aquí nos vemos la próxima semana.