Voto Latino José Inocencio Aguirre Willars
¡Hola! Muy buenos días, tardes o noches, dependiendo la hora en que me lean. Desde México, lo que sucede en Texas nunca se siente demasiado lejos. Nos unen familias, trabajo, comercio y una frontera por la que también cruzan esperanzas. Por eso, su vuelco electoral merece una reflexión que va más allá del color de un mapa. La elección intermedia estadounidense deja un duro revés para Donald Trump: los demócratas recuperaron ambas cámaras del Congreso y avanzaron en territorios republicanos. Un recordatorio que ninguna victoria anterior equivale a un cheque en blanco. Texas concentra buena parte de la sorpresa. Gina Hinojosa derrotó a Greg Abbott; los demócratas no ganaban un cargo de elección estatal desde 1994. Por su parte, James Talarico logró una victoria para el Senado federal. A esa historia se suma Bobby Pulido, ganador del distrito 15 para la Cámara de Representantes. Muchos lo conocimos por su música; ahora tendrá que responder con trabajo legislativo a quienes confiaron en él. También se rompieron barreras: Xavier Becerra será el primer latino elegido gobernador de California; Keisha Lance Bottoms, la primera mujer negra elegida gobernadora en Estados Unidos, y Deb Haaland, la primera mujer indígena en alcanzar una gubernatura, en Nuevo México. Mi lectura es que el discurso de confrontación, la polarización y la radicalización de ideas en forma de políticas públicas encontró un límite. Convertir al migrante en culpable permanente puede producir aplausos, pero no resuelve lo que una familia paga por vivir. El Voto Latino fue clave en la elección anterior para los Republicanos, convencieron, sobre todo a quienes nacieron allá, pero descienden de acá, que votar por ellos los convertiría en “más americanos”. Pero cuando las políticas públicas migratorias más agresivas, como el famoso ICE, tocaron a sus seres queridos, las cosas cambiaron. Sería simplista explicar todo por una sola causa; también sería un error ignorar el desgaste de gobernar sembrando agravios. El costo de vida, la educación y el sistema de salud aparecen también entre las claves del vuelco.El populismo promete soluciones fáciles y encuentra enemigos para justificar sus pendientes. Pero el bolsillo y la dignidad también votan. Para México, el cambio abre posibilidades de diálogo y mayores contrapesos. No garantiza una frontera sin tensiones: Washington seguirá defendiendo sus intereses, y nosotros debemos defender los nuestros con inteligencia. Me quedo con una lección que vale a ambos lados del río Bravo: ningún partido es dueño de sus votantes. Cuando el poder confunde respaldo con obediencia, las urnas pueden recordarle la diferencia. Saludos a todas y a todos y por aquí nos vemos la próxima semana.