Paraliza el Mundial a los saltillenses
NÉSTOR GONZÁLEZ
Esa Selección Mexicana de fútbol a la que muchos consideran la menos atractiva de los últimos 20 o 30 años, tuvo la fuerza de convocatoria suficiente para que escuelas, oficinas y centros de trabajo hicieran un espacio de dos horas para ver el partido del Tri contra Polonia.
Los restaurantes de la ciudad presentaron una buena afluencia, con locales llenos de aficionados vestidos con la playera de la Selección.
Desde las 9:00 horas, muchos establecimientos empezaron a recibir a los comensales, que se apostaron en las mejores mesas, cerca de las pantallas. Para las 9:30, ya la mayoría de los lugares estaban ocupados, como sucedió en Hacienda Los Compadres.
Suenan los himnos nacionales de las dos representaciones. Aplausos, nerviosismo. No hay muchas esperanzas, pero quién sabe. Luego del trepidante y escandaloso triunfo de Arabia Saudita sobre Argentina, que comparten el grupo con Polonia y México, se abren muchas interrogantes, y muchas esperanzas. Silbatazo inicial, y en las bocinas de la pantalla se escucha hablar al “Perro” Bermúdez.
Apenas al minuto 6, “Chucky” Lozano lanza un centro que no alcanza a empujar Alexis Vega. Siete minutos después, un grito ahogado de gol se convierte en lamento cuando Héctor Moreno remata un centro dentro del área que no lleva buena dirección.
Tras los minutos iniciales de dominio mexicano, Polonia logra equilibrar las acciones, aunque México sigue llegando.
Jorge Sánchez es amonestado, ante la protesta de los clientes del restaurante, que abuchean a miles de kilómetros al árbitro australiano Chris Beath.
Llega el medio tiempo. Momento para ir al baño, pedir algunas bebidas o comida para agarrar un segundo aire y soportar los nervios.
La segunda mitad empieza con una Polonia más lanzada al frente de la mano de Robert Lewandowski, la estrella polaca y artillero del FC Barcelona.
Si fuera por puntos, como en el box, en este momento el Tri estaría arriba para llevarse la contienda por decisión unánime. Pero en el futbol se gana con goles.
Es precisamente el goleador del Barcelona el que se atreve más en el área, y en una de esas, entra jaloneado por Héctor Moreno. De momento se salva el Tri, pero el cuerpo arbitral detiene el encuentro y decide recurrir al VAR. La gente en el restaurante murmura, viendo la repetición en la televisión. “Si, nos van a marcar penal”, dice alguien con desánimo, más que pesimismo.
Segundos después, regresa el árbitro a la cancha y marca la pena máxima a favor de Polonia. Lewandowski toma el balón y lo pone en el manchón, mientras Guillermo Ochoa estira los brazos debajo del arco y se persigna.
Tensión al máximo, silencio en el lugar. Solo se oye el ruido de los cubiertos. Ochoa hace la finta de ir a su derecha, pero de último momento se lanza a la izquierda, adivinando el tiro del polaco. El balón va hacia afuera, y los gritos de júbilo inundan el lugar. Algunos se abrazan o chocan sus manos, festejando que el portero mexicano mantenga el empate.
Apenas dos minutos después, México vuelve a amenazar la portería contraria.
El desánimo es notorio entre Polonia, que siguió intentando, pero sin poder concretar ante una crecida defensa mexicana.
Transcurren los minutos, y el Tata Martino intenta refrescar la parte alta del equipo mexicano, con el ingreso de Carlos Rodríguez y Raúl Jiménez.
Sigue el toma y daca en la cancha, y los nervios entre los comensales de Los Compadres. El árbitro da siete minutos de compensación, y Polonia tiene un par de oportunidades más que el agigantado Ochoa se encarga de disminuir.
Silbatazo final, se declara el empate. México sale satisfecho por el empate, pero sabe que si quiere hacer algo trascendente, deben obtener un triunfo ante Argentina, que llegará el sábado herida de muerte a enfrentar a los aztecas, lo cual hace a los pamperos más peligrosos.
Les llevan el mundial al trabajo y las escuelas
En diversas empresas de la región se permitió a los trabajadores ver el partido en áreas comunes, con el fin de evitar el ausentismo. Incluso, algunos departamentos de Recursos Humanos repartieron comida y compraron souvenirs para rifarlos entre su planta laboral, para mantener motivados a sus trabajadores.
En muchas escuelas y colegios también se les permitió ver el juego suspendiendo parcialmente las clases, aunque hubo otros planteles educativos cuyas direcciones decidieron mantener su horario normal de clases.
