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30 de agosto de 2025
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Catedral de Santiago: religión y memoria indígena

Catedral de Santiago: religión y memoria indígena
  • abril 21, 2025

Texto y Foto: Leslie Delgado

A simple vista, la Catedral de Santiago parece una majestuosa edificación religiosa. Sin embargo, para el doctor Gabriel Verduzco —filósofo, investigador y académico de la Facultad de Ciencias y Humanidades de la Universidad Autónoma de Coahuila— es mucho más que eso: un discurso tallado en piedra, una narración viva que entrelaza religión, política, simbolismo mágico y una sutil, pero poderosa reivindicación de lo indígena.

Todo comenzó con una curiosidad casi infantil. Inspirado por un programa de televisión para niños que invitaba a mirar los rostros ocultos en los edificios del Centro Histórico de la Ciudad de México, el doctor dirigió su mirada a la catedral de su propia ciudad. Cámara en mano, comenzó a fotografiar los rostros tallados en la fachada del templo. Y entonces, como suele ocurrir en las grandes historias, lo que parecía un ejercicio superficial se convirtió en una revelación.

“Me encontré con figuras que parecían gárgolas, pero con rasgos distintos… indígenas, incluso”, recordó. A partir de ese hallazgo, su investigación tomó un rumbo inesperado y profundo. Desde su formación en semiótica y análisis del discurso, el doctor propuso un enfoque transdisciplinario para estudiar la catedral no solo como estructura arquitectónica, sino como un texto complejo que articula múltiples significados.

El análisis propone tres dimensiones del discurso que emite la Catedral de Santiago: una religiosa, que funciona como catequesis visual para los fieles; una político-social, donde las figuras con rasgos prehispánicos —como una posible representación de Quetzalcóatl en la cúpula— funcionan como una afirmación visual del “ser americano” en plena época de las reformas borbónicas; y una mágica, con símbolos como los “hombres verdes” o green men, figuras asociadas con la fertilidad agrícola.

Uno de los hallazgos más enigmáticos es el de unas figuras serpentinas en la cúpula. “Tienen cabeza, cuerpo dividido en trece segmentos y una cola que parece un cascabel. Me recuerdan las siucoatl, las serpientes de fuego que rodean la Piedra del Sol”, explicó. La coincidencia numérica con los trece segmentos del calendario azteca lo hace pensar en una posible conexión con la cosmovisión mesoamericana.

Además, plantea una hipótesis fascinante: la figura de Quetzalcóatl –el héroe civilizador, sin sacrificios humanos, portador del conocimiento y la fe– podría haber sido interpretada como el apóstol Tomás por los tlaxcaltecas que participaron en la construcción de la catedral. Una lectura que reconfigura la narrativa colonial desde adentro.

Recientemente, encontró paralelismos entre la planta arquitectónica del templo y el símbolo mesoamericano Nahui Ollin –el “cuatro movimiento”, presente incluso en las monedas de diez pesos. Observada desde arriba, la cúpula y sus botareles formarían una figura similar, reforzando la teoría de que los constructores dejaron, intencional o inconscientemente, huellas de su cosmovisión ancestral.

El doctor insiste en que su lectura es una invitación a mirar diferente, a desenterrar significados ocultos en los adornos “meramente ornamentales”. En sus palabras: “El barroco permite ese juego. Lo que parece adorno puede ser mensaje. Es como un calambur visual: tú ves lo que estás dispuesto a ver”, concluyó.